La líder de Kadima ha arrojado la toalla, momentáneamente, en su deseo de convertirse en Primera Ministra. Israel está abocado a un nuevo proceso electoral cuyas repercusiones serán internas y externas. La inestabilidad gubernamental persigue al Estado Hebreo desde su creación.
Editorial
Desde que preside Kadima, Livni no ha tenido un camino de rosas. Primero, tuvo que hacer frente a unas complicadas y reñidas elecciones primarias contra Mofaz. Tras ello, un reto mayor: establecer una (sólida) coalición de gobierno.
La estrategia que siguió fue realista. Primero buscó y consiguió el pacto con los laboristas de Barack pero el trabajo estaba inconcluso, como los hechos han demostrado. Le quedaba obtener el apoyo de partidos minoritarios como Shas y el Partido de los Jubilados. Ambas formaciones han sido claves y han acabado por complicar el panorama político hebreo.
Debemos reflexionar sobre el role que tienen este tipo de formaciones (minoritarias) en los sistemas parlamentarios. El caso israelí es un buen ejemplo. Shas, por ejemplo, representa a un pequeño porcentaje de la población pero ejerce demandas “macro”. No ceder a su chantaje honra a Livni y catapulta su imagen como política seria para la que el fin no justifica los medios. Todo lo contrario a Netanyahu que ya ha prometido (bajo cuerda) un paquete de medidas a los ultra-ortodoxos, consciente de que los necesitará para gobernar.
Todo ello nos deja como conclusión que habrá elecciones y vuelta a empezar. ¿Qué nos depararán? Complicado saberlo. Las encuestas que se vienen realizando en los últimos meses otorgan un favoritismo al Likud de Benjamín Netanyahu…pero sin mayoría. Si finalmente tiene lugar este escenario, deberá pactar. Si gana Livni, tampoco estará exenta de la obligación de buscar compañeros de gobierno. En uno y otro caso habrá un beneficiado: los laboristas de Barack, tercera fuerza política del país.
Otros aspectos colaterales y no menos importantes derivados de la crisis gubernamental israelí afectan a las relaciones con sus vecinos regionales. Por ejemplo, el proceso de paz con los palestinos que ha quedado suspendido. Lo mismo puede decirse de las relaciones con Siria o Líbano.
Los interrogantes se acrecientan puesto que la política de Livni hacia la Autoridad Nacional Palestina (ANP) nada tiene que ver con la de Netanyahu. Aquélla es protagonista directa de Annopolis y apostó por llegar a un acuerdo. Se pospondrá. La gran apuesta de Bush para 2008 tiene como destino el impass…o incluso la anulación. Oriente Medio sigue siendo un puzzle de complicada solución. Las intrigas políticas de Israel constituyen un factor esencial para que esta situación se prolongue.
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