La crisis alimentaria actual podría ser la primera parte, y la más violenta, de un largo proceso de subidas que durarán hasta que el mercado se ajuste, en los próximos diez años. Los países pobres se llevarán la peor parte.
Lo prevén la OCDE y Naciones Unidas
La Organización de Países para del Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) han presentado hoy un informe en el que afirman que los productos básicos seguirán subiendo hasta 2017.
Las consecuencias actuales de la crisis alimentaria han sido el desabastecimiento de muchos países, hasta 19 han registrado fuertes disturbios cuando la gente no encontraba qué en el mercado, y el enfriamiento de las economías avanzadas. La subida de los combustibles, que se utilizan para las máquinas que se dedican a la siembra, ha conseguido agravar la situación de los consumidores.
“Se impone un aumento de la ayuda humanitaria para reducir las incidencias negativas de los altos niveles de precios sobre los más desfavorecidos”, se lee en el informe.
Dado que la oferta y la demanda podrían tardar en equilibrarse, la FAO y la OCDE recomiendan que se utilicen los cultivos modificados genéticamente y que se reduzcan los cultivos de biodiésel. Las dos organizaciones creen que “el aumento de los precios de los productos agrícolas” se debe a los biocombustibles en gran medida y que no deberían incrementarse los cultivos hasta que el precio del barril de crudo no se estabilice.
Otra de las posibles soluciones, según el informe, sería que los precios de los alimentos incentivasen a los agricultores de países como Nigeria, Egipto o el sudeste asiático. Para ello, sería necesario que los países redujesen las barreras al comercio en vez de aumentarlas, que es lo que podría estar ocurriendo ahora.
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