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El rearme consolida las relaciones Rusia-Venezuela

De un tiempo a esta parte, las relaciones entre Rusia y Venezuela se han intensificado. El régimen de Putin-Medvedev se ha convertido en un suministrador de armamento para Caracas.

Editorial

Que Hugo Chávez quiere convertirse en un referente político mundial es algo que está fuera de toda duda. Se trata de una misión de envergadura que exige aliados, uno de ellos es Rusia, cuyo apetito de poder lo hemos comprobado en su reciente agresión a Georgia.


 


Este acercamiento se ha visto facilitado por la actual crisis financiera internacional que ha hecho las veces de cortina de humo. Chávez y Putin han aprovechado la ocasión para arremeter contra todo aquello que huela a democracia liberal y sentar “su doctrina económica”.


 


Mientras analizaban las causas de ese (supuesto) final del capitalismo, entre bastidores han sellado acuerdos para la realización de operaciones militares conjuntas. Caracas, como otros gobiernos de la región, prosigue con su proceso de rearme. Tendencia peligrosa cuyas repercusiones son tan desconocidas como potencialmente negativas.


 


Rusia parece estar obrando como en los años de la extinta Unión Soviética, tejiendo un entramado de alianzas dirigidas contra Estados Unidos. Cínica actitud puesto que la dupla Putin-Medvedev ha afirmado por activa y por pasiva que  quieren que Rusia sea reconocida como una realidad diferente a la URSS.


 


Esta luna de miel ruso-venezolana también nos deja otra enseñanza: que Estados Unidos ha descuidado su patio trasero durante los años de Bush (2000-2008). El gobierno republicano ha estado más preocupado en la lucha contra el terrorismo que en fomentar el desarrollo democrático en América Latina. Los “frutos” los está recogiendo ahora.


 


Desde Nicaragua hasta Bolivia pasando por Venezuela se ha establecido un entramado de gobiernos hostiles a Washington que ha buscado el manto protector ruso. Un buen ejemplo, Daniel Ortega cuando reconoció la independencia de Abjazia y Osetia del Sur.


 


Obama o McCain tendrán como reto inmediato reconducir las relaciones con América Latina cuya importancia debe de estar a la altura de otros escenarios como Oriente Medio, Afganistán, Pakistán e Irak. De lo contrario, Chávez, Ortega o Morales seguirán empleando a Estados Unidos como cortina de humo para tapar sus innumerables problemas domésticos. Sin olvidar que el antiamericanismo profesado por estos regímenes es un instrumento que les dota de legitimidad ante ciertos sectores de la opinión pública internacional.

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