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El régimen liberticida cubano está tan engrandecido como desesperado

Raúl Castro ha vivido su semana más mediática desde que suplió a su hermano al frente de la dictadura de La Habana. En Brasil su táctica de victimizarse le salió perfecta. Nadie cuestionó la represión en Cuba y por el contrario, se apostó porque la isla formara parte de organizaciones internacionales.

Editorial

En los últimos meses, Cuba está adquiriendo un protagonismo que había quedado, en cierta forma, en un segundo plano debido a la llegada al poder de dirigentes (populistas) como Morales, Chávez, Ortega o Correa, todos ellos con la peculiaridad de considerar a Fidel Castro como su inspirador.


 


A comienzos de este año, cuando tuvo lugar la sustitución (o enroque) de los Castro, comenzó a hablarse y teorizarse sobre Cuba. Voces cándidas, entre ellas la de Moratinos,  apostaban porque llegarían las reformas a la isla y con ellas, los derechos humanos. Nada de eso ha sucedido, dejémoslo claro. El liberticidio, la represión, la censura…siguen tan presentes en la isla como desde hace 50 años.


 


La diferencia actual es que el “Raulcastrismo” está logrando un protagonismo internacional mucho mayor que en los últimos años de  Fidel. ¿Qué refleja? En primer lugar, que la situación de la isla a nivel económico es desesperada. Desgracias naturales más la sobredosis habitual de comunismo se han traducido en multiplicación de pobreza, hambre y miseria.


 


Raúl Castro lo sabe pero no va a cambiar la forma de gobernar. Ofrece diálogo a Obama y los palmeros de siempre, lo aplauden y lo presentan como un “aperturista nato”. En este sentido, es curiosa la actitud la que está tomando el oficialismo cubano hacia el nuevo Presidente de Estados Unidos. Granma no tiene desperdicio y con un lenguaje marxista se intentan acercar a la Casa Blanca.


 


La última propuesta del gobierno cubano habla de intercambiar prisioneros: disidentes encarcelados en la isla por espías (cubanos) que se hallan en las cárceles norteamericanas. Estados Unidos y el mundo occidental no debe dejarse engañar. Todos sabemos como el comunismo cubano tiende a vender a la opinión pública, tanto doméstica como externa, medidas de este tipo. De producirse un intercambio de semejante naturaleza, el liberticida de La Habana y todo su séquito de voceros hablarían de triunfo sobre “el imperio”, sobre el capitalismo, sobre la democracia liberal, en definitiva.


 


Con Cuba ya se ha agotado el tope de concesiones y lo único que se ha conseguido  es fomentar la represión, el cinismo y la demagogia. En nuestra memoria está muy presente el baño de multitudes de Pérez Roque en Madrid hace un par de meses. Cualquier cesión ante las propuestas de los Castro significaría dar oxígeno y por tanto perpetuar su dictadura.

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