El 28 de octubre pasado la Policía Nacional de Perú -alertada por los servicios de inteligencia peruanos y aparentemente también por el propio Mossad- detuvo a un ciudadano libanés que, al ser interrogado, admitió enseguida pertenecer al movimiento terrorista libanés Hezbollah.
Se trata de Muahmmad Ghaleb Hamdar, casado con una peruana, Carmen Carrión, que tiene asimismo ciudadanía norteamericana y que está aparentemente divorciada de un ex funcionario de la DEA. Hamdar ingresó a Perú procedente del Brasil, con una identidad falsa y portando un raro pasaporte que sugería haber sido emitido en Sierra Leona, despertando con ello naturalmente sospechas. Su apariencia y su documentación de identidad eran claramente inusuales en nuestra región.
Al ser posteriormente detenido, lo que ocurrió en el distrito limeño de Surquillo, se comprobó que el mencionado ciudadano libanés había estado recientemente manipulando explosivos. Tenía adherencias de TNT en sus manos, las que también aparecieron en una rápida revisión de su basura. Tenía, asimismo, en su propia casa residuos de detonadores y -para incrementar las sospechas- había recibido fondos del exterior, transferidos a través de Western Union.
La consiguiente investigación acerca de sus verdaderas intenciones y posibles actividades está ahora en curso. Pero, por el momento al menos, poco ha trascendido sobre sus resultados. La sospecha es que Hamdar estaba apuntando a perpetrar atentados contra blancos e instituciones israelíes en el Perú.
El especialista israelí Ely Karmon ha estado reiteradamente advirtiendo, mediante distintas publicaciones, que el terrorismo de Hezbollah está regresando a América Latina, que por ello no está inmune a sus amenazas.
Aparentemente, el cambio de presidente en Irán no ha debilitado el interés iraní en América Latina. En marzo pasado, varios legisladores iraníes visitaron a Cuba y Venezuela, los dos países de la región en los que, con Bolivia, los iraníes reciben hoy claramente la mejor acogida. Luego, en mayo, otra delegación de legisladores iraníes visitó a Ecuador y Colombia. A su vez, en junio un grupo de legisladores de Bolivia, Cuba, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Argentina y Brasil visitó, en actitud de reciprocidad, la ciudad de Teherán.
El gobierno del presidente Hassan Rouhani sigue estando vivamente interesado en nuestra región. Como también lo estuviera -en su momento- la dura administración de su predecesor, Mahmud Ahmadinejad.
Irán, recordemos, mantiene abiertos y en operación a unos 36 centros shiítas en nada menos que 17 distintos países de nuestra región. Y tiene hasta un canal de televisión satelital que transmite en castellano, apuntando a difundir las ideas de la teocracia iraní y su cultura en América Latina.
El gran impulsor de la presencia iraní en nuestra región fue indudablemente el fallecido líder marxista venezolano: Hugo Chávez. Su muerte parece haber quitado alguna urgencia a la consolidación de la relación latinoamericana con el país de los persas. Pero es absolutamente evidente que los iraníes siguen cultivando la relación con América Latina, difundiendo sus ideas y tratando de gestar vínculos de alguna intimidad. Especialmente con el curioso universo “bolivariano”. Lo que nos obliga a todos a estar alertas y no descuidar lo que pudiera estar haciendo en nuestra región uno de los principales exportadores de terrorismo del mundo.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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