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España y Cuba: Elegir la Libertad

Los ilusos creen que con caramelos y pipas se sacia el hambre de un dóverman.

Editorial
Jorge Moragas organizó un emotivo acto en la sede del Partido Popular. Una jornada de puertas abiertas a esos hombres y mujeres que han padecido la cárcel y el exilio por querer ser libres. LIBRES, con mayúsculas y frente a la represión y la dictadura que Castro perpetra en la Isla desde hace ya medio siglo.

Oswaldo Payá, uno de los dirigentes de la disidencia interna, intervino en el acto desde Cuba para recordarnos que ante la injusticia no hay término medio. Igual que en el Holocausto judío o en el exterminio soviético o en cualquier golpe contra la democracia y los derechos humanos de cualquier signo, la Historia ha dejado claro que no valían medias tintas, porque unos morían y otros asesinaban. En Cuba la línea que separa a los defensores de la libertad de los caciques de la represión es un muro gigante, que hasta los ciegos pueden ver.

Igual que con la llamada “alianza de civilizaciones”, Zapatero quiere pasar a la Historia como el hombre que apaciguó al monstruo Fidel para llegar a algún punto de equilibrio y diálogo. Fruto de ello es su esfuerzo constante para conseguir que Europa levantase las sanciones al régimen comunista. El primer abrazo en suelo europeo de Pérez Roque será a Zapatero y a su ministro Moratinos.

Los ilusos, por utilizar un término, creen que con un juego de manos y buenas palabras pueden cambiar 50 años de Historia. Los ilusos creen que con caramelos y pipas se sacia el hambre de un dóverman. Incluso sueñan con que haya algún punto de encuentro entre una dictadura y una democracia plena. La verdad es que a muchos socialistas españoles siempre les pareció que la dictadura de Fidel Castro tenía un punto romántico.

Sin embargo, y como bien argumentaba Jorge Moragas, el presidente español no usa esa vara de medir para encender la memoria histórica de la dictadura franquista. Ante dos escenarios idénticos, si cabe los cubanos llevan 15 años más que los españoles padeciendo el totalitarismo, dos juicios diferentes. Por un lado la condena, y por otro la empatía y la comprensión.

Fidel Castro morirá y ese régimen de atraso y opresión caerá. En ese momento, todos estos hombres, los que viven fuera en el exilio y los que viven entre los muros de las cárceles del silencio y el miedo cubano, recogerán el fruto de la libertad y de la democracia. Todos tendremos que estar allí para apoyarles y ¿todos? podrán mirarles a los ojos antes de darles la mano.

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