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¿Esperanza en Egipto?

Editorial
Siempre son sorprendentes las imágenes que se suceden después de un atentado terrorista: cadáveres, sangre, dolor, gente pidiendo auxilio, sirenas, destrozos materiales,… Son escenas desalentadoras.

Pero lo que sucede en Egipto tras cada atentado es esperanzador. Obviamente, me refiero a la reacción de la sociedad civil que sufre esos ataques, que, no por casualidad, suelen suceder en ciudades turísticas. El turismo es la primera industria del país (produce alrededor de 6.000 millones de dólares al año), por lo que un ataque a ese sector es un duro golpe a la economía nacional, pero también es una amenaza al pequeño comercio, a las diversas economías locales.

Por eso, después de cada atentado, la gente, los ciudadanos normales y corrientes salen a las calles, cogidos del brazo, a manifestarse por la paz y contra el terrorismo. Piden que los terroristas les dejen en paz. Ellos sólo quieren vivir y poder trabajar en paz. De ahí que no admitan que tres iluminados les perturben la marcha pacífica de sus existencias.

También es alentador porque es un país musulmán, en el que, además, parece triunfar el mensaje radical de los Hermanos Musulmanes. Si los ciudadanos de a pie de un país, donde se desarrolla el extremismo, son capaces de darse cuenta de los perjuicios del terrorismo y exigir que pare la barbarie, hay lugar para la esperanza.

La policía egipcia ha detenido a diez sospechosos de haber perpetrado los atentados del día 24 en Dahab (en la Península del Sinaí). Ojalá no sean arrestos arbitrarios sino que estén conectados realmente con los criminales sin vergüenza, que asesinan indiscriminadamente, sin hacer distinción de raza, sexo, edad, religión,…

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