Escasas horas después de que el Supremo anulara las listas de D3M y Askatasuna, ETA ha reaparecido. Madrid, una vez más, ha sido la ciudad elegida por la banda terrorista para sembrar el terror. Si hubiera optado por cualquier otra de la geografía española, tampoco nos hubiera sorprendido.
Editorial
Tras la anulación de las dos listas continuadoras de Batasuna, ETA ha respondido de la forma en que nos tiene acostumbrados. El coche bomba es su herramienta asesina favorita, aunque tiene otras más, si bien no tan efectivas. Su reaparición se esperaba, más si cabe, leyendo los últimos comunicados en los que amenazaba a los estados español y francés.
Con acciones como la de ayer, la banda terrorista avala la decisión del Supremo y la que pueda tomar Garzón. La no presencia en D3M y Askatasuna en los próximos comicios autonómicos vascos es un éxito para la democracia y el Estado de Derecho. El mero hecho de que pudiera optar a la financiación pública resulta aterrador pues ya sabemos en qué siniestros fines emplearía tales fondos.
La línea de trabajo que vienen siguiendo Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los jueces es la correcta. A ETA hay que derrotarla por la vía legal, término que la banda terrorista desconoce. Sus bravatas en forma de comunicados en ningún caso tienen que hacer variar esta estrategia.
A partir del próximo viernes, fecha de inicio de la campaña electoral vasca, deberemos estar atentos a cómo los partidos afrontan en sus discursos el tema del terrorismo en el País Vasco. Por parte de PSE, PP y UPyD, las cosas están claras: no a la negociación y sí a la derrota de ETA.
¿Piensan igual PNV, EA, Aralar o IU-EB? Hacerse esta pregunta no es baladí. Durante el tiempo en que el Supremo ha estado estudiando la ilegalización de D3M y Askatasuna, han mostrado una actitud relativista guiada en última instancia por criterios electorales.
Una vez más, el terrorismo será el asunto estrella en la campaña electoral haciendo que temas de vital importancia para la sociedad vasca como la economía o el empleo, queden relegados a un segundo lugar. Los partidos deberían evitar reproches y acusaciones mutuas ya que sólo darán como resultado que ETA lo aproveche para presentarse como víctima cuando su role real es el de verdugo.
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