Los jefes de Gobierno de los países de la Eurozona han decidido seguir el modelo diseñado por Gran Bretaña para sortear la crisis financiera. El modelo, con 14 puntos, pasa por capitalizar “con el dinero que haga falta” los bancos en dificultades comprando activos que más adelante se puedan revender y fomentar los préstamos interbancarios para reactivar este mercado
Sarkozy: “No es un regalo”
“No será un regalo a los bancos”, declaró ayer Nicolás Sarkozy tras la reunión, celebrada en París, entre los jefes de Gobierno de los países europeos con moneda común junto al presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y el del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet y en la que ha estado presente brevemente el primer ministro británico, Gordon Brown.
El acuerdo de los Quince recoge una garantía a los préstamos interbancarios y contempla permitir una refinanciación bancaria “limitada” hasta finales de 2009 y “en las condiciones del mercado”, dijo el presidente francés, Nicolas Sarkozy.
El plan aprobado implica que cada Estado miembro actúe por su cuenta y tome sus propias decisiones en cuanto a las cantidades a inyectar y los plazos para hacerlo, y por este motivo no han trascendido montos de inversión. En cualquier caso, los Estados tendrán que coordinarse entre sí.
La iniciativa británica, que ha servido de modelo para la Eurozona, consiste por un lado en capitalizar los bancos, a lo que se dedicarán 68.000 millones de euros de fondos públicos, y, por el otro, en garantizar los préstamos interbancarios con hasta 136.000 millones de euros para reactivar este mercado, que en la actualidad está seco.
El ministro belga de Finanzas, que no ha estado presente en la reunión pero está coordinado con el jefe de su Ejecutivo, ha explicado que cada uno de los Estados de la Eurozona debe anunciar sus medidas concretas antes del miércoles a sus respectivos sistemas financieros.
El documento contiene algunos detalles sobre el fomento a los préstamos interbancarios, como que los Gobiernos proporcionarán una garantía durante un periodo limitado de tiempo y en condiciones comerciales, bajo una estricta supervisión de las autoridades financieras hasta el 21 de diciembre de 2009. Dependiendo de la situación de cada país, esta garantía podría limitarse a sólo un determinado tipo de deuda bancaria.
En cualquier caso, deberán evitarse las distorsiones en el mercado interior y los abusos a expensas de las entidades que no se beneficien de esta garantía. El precio de tales instrumentos debe reflejar, al menos, su valor eral en condiciones de mercado normales. Todos los bancos presentes en la Eurozona, independientemente de su nacionalidad, podrán beneficiarse de manera no discriminatoria.
Por lo que se refiere a la liquidez, los líderes europeos celebran en el documento la reciente decisión del Banco Central Europeo y de otros bancos centrales de rebajar medio punto los tipos de interés, aunque también piden que sigan estudiando “todas las vías posibles para reaccionar de manera flexible las actuales condiciones del mercado”.
El documento de conclusiones reitera el compromiso de impedir la quiebra de los bancos importantes para el sistema financiero, inyectando dinero público en ellos incluso si fuera necesario, aunque salvaguardando los intereses de los contribuyentes y garantizando que accionistas y directivos asuman las consecuencias de la intervención.
A pesar de esto, los líderes de los países de la zona Euro reclaman a la Comisión que cuanto antes reforme, siguiendo el ejemplo estadounidense, las reglas contables que obligan a tener en cuenta en cada momento la depreciación de los activos financieros antes de finales de mes, para que las nuevas normas puedan aplicarse antes de final de año.
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