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Europa, ¿unida frente a la crisis?

La Cumbre de París ha tenido un claro objetivo: mandar un mensaje de calma a las empresas y a la sociedad. Los líderes de las grandes potencias han escenificado unidad frente a la peor crisis que se recuerda en décadas, aunque sus recetas para salir airosos del brete difieren

Editorial
“Los bancos estarán protegidos”. Es la conclusión más exacta que se puede tomar de la reunión convocada por Sarkozy. Después de ver como la banca de inversión desaparecía de Wall Street, de ver como caían grandes entidades financieras al otro lado del Atlántico y de comprobar como instituciones tan importantes como Fortis, Hypo Real Estate o B&B se iban a la quiebra, los líderes europeos no lo han dudado.

Sarkozy, Merkel, Brown y Berlusconi han usado palabras como flexibilidad y responsabilidad para atajar el problema. Aunque no lo han llegado a decir, los presidentes podrían acordar pedirle al BCE insuflar grandes cantidades monetarias en el mercado a largo plazo, es decir, a más de seis meses.

Francia ha propuesto crear un fondo de salvamento pero Alemania ha cortado la idea de raíz. Esta puede ser la primera muestra de que la unidad no va a ser total. Merkel no ha querido ni oír hablar de ello y la cuestión no se ha tocado en la Cumbre.

Sarkozy se muestra favorable un modelo más intervencionista y redefinir de manera muy clara las normas del juego. En Alemania el argumento no convence y Reino Unido también es reticente.

La patronal europea también ha mostrado su desacuerdo. El exceso de reglamentación preocupa mucho a los empresarios europeos, porque podría traducirse en restricciones importantes sobre su actividad y, lo que es peor, en una recuperación más lenta de la crisis porque las economías más reguladas son menos flexibles y las menos flexibles hacen que las recesiones y la caída del crecimiento se prolonguen durante años.

En lo que sí están de acuerdo las potencias del G8 es en la necesidad de sancionar a los malos gestores, a los verdaderos culpables de la crisis. Una medida idéntica a la aprobada por el Congreso estadounidense en el plan de rescate de Bush.

En lo referente a España, ha quedado nuevamente patente la marginalidad que sufre el Ejecutivo de Zapatero entre sus socios más cercanos. El presidente español llegó a La Moncloa con un discurso europeísta, volcado en Francia y Alemania, pero la tozuda realidad ha demostrado su fracaso también en este campo de las relaciones internacionales. España, por población, renta per capita y PIB ha sido la gran ausente en la Cumbre.

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