El presidente boliviano, Evo Morales, anunció ayer que ya había dado instrucciones a su ministro de Exteriores, David Choquehuanca, para que le comunicase al embajador de Estados Unidos que era una “persona no grata” para el Gobierno y que debía prepararse para un “abandono inmediato” del país. Evo le acusa de atentar contra la “unidad nacional” pero no aporta ninguna prueba.
Y lo acusa sin pruebas
“Sin miedo a nadie, sin miedo al imperio, hoy día delante del pueblo boliviano declaro al señor (Philip) Goldberg, embajador de Estados Unidos, ´persona no grata´”, advirtió Morales en Palacio Quemado.
En la línea con otros dirigentes populistas latinoamericanos, Washington se habría convertido en el culpable de los problemas internos del país. Bolivia posee grandes reservas de gas pero, al igual que ocurre con la producción de petróleo en Venezuela, eso no ha reducido los niveles de pobreza que sufre la población.
“No queremos gente separatista ni divisionista ni que conspire contra la unidad, no queremos personas que atenten contra la democracia”, afirmó Evo en unas declaraciones recogidas por la Agencia Boliviana de Información.
El portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Gordon Duguid, negó que Goldberg las acusaciones tengan algún fundamento. El dirigente indígena todavía no ha aportado ninguna prueba que certifique sus acusaciones.
Duguid ha asegurado que la embajada norteamericana en La Paz no había recibido ninguna petición por parte del Gobierno boliviano para que dimita Goldberg. Según fuentes diplomáticas, Washington estaría ganando tiempo antes de tomar una decisión definitiva que podría suponer desde la retirada de toda la misión diplomática y la imposición de sanciones hasta, el extremo más suave, la negociación de la llegada de un nuevo delegado de Estados Unidos.
Sin pruebas
Morales no mencionó ninguna prueba de sus servicios de inteligencia que pudiera demostrar la presunta conspiración del embajador norteamericano. La única explicación que ofreció a los medios es que expulsar al diplomático es un “homenaje a la lucha histórica” del pueblo boliviano contra el modelo neoliberal.
Por otro lado, denunció la injerencia extranjera en Bolivia que había supuesto el embajador Goldberg. No se refirió en ningún momento a la participación en la política boliviana, por ejemplo en el último referéndum revocatorio, de líderes como Hugo Chávez o Cristina Kirchner.
“Quiero decirles, hermanos y hermanas, y desde acá al pueblo boliviano, que es obligación del Gobierno nacional y del pueblo boliviano defender la unidad nacional”, concluyó Evo.
El embajador estadounidense no ha podido influir mucho en una decisión que los Estados más prósperos de Bolivia ya habían tomado para defenderse de la mala gestión económica y la expropiación de empresas privadas, nacionales y extranjeras. Más del 70 por ciento de los votantes de estas regiones prefieren que sus administraciones asuman competencias económicas que antes no tenían para frenar la planificación socialista que Evo quiere imponerles.
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