Wenceslao Cruz señala cómo el supuesto arrojo de Castro al retar a un enemigo poderoso no se corresponde con su miedo atroz a la expresión libre de sus ciudadanos.
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Martes, 21 de julio 2026
Wenceslao Cruz señala cómo el supuesto arrojo de Castro al retar a un enemigo poderoso no se corresponde con su miedo atroz a la expresión libre de sus ciudadanos.
CUBA
Ya en la entrevista que le hiciera su amigo Oliver Stone, el dictador cubano
hizo ver su pasión por la película Gladiator de Ridley Scott. Y como si
de un circo romano se tratara, Castro dirigió, este viernes 14 de mayo, una
nueva y teatral marcha. En el discurso inaugural -que pudo hacer sin desmayarse-
se llamó a sí mismo Gladiador y como tal le decía a Bush, según él, el Cesar:
“Los que van a morir te saludan” y lamentaba que “Bush estaría a miles de
kilómetros cuando él estaría en la primera línea de combate”.
Esta
inusual valentía de alguien que, desde su juventud, era capaz de disparar por la
espalda a un candidato estudiantil como Leonel Gómez -por ser el favorito para
ganar unas elecciones- es digna de estudio por la psiquiatría. Ese “arrojo” por
querer enfrentarse a un enemigo poderoso no se corresponde con el miedo atroz
que le tiene a la expresión libre de sus ciudadanos. Y aunque el nivel de
cobardía siempre es proporcional a los abusos que se cometen, nuestro “Gladiador
en Jefe” no parece estar consciente de su falta de valor, por lo que siempre
queda expuesto a hacer el ridículo.
Lo que ha dicho en Madrid la
embajadora cubana -repitiendo a sus jefes de la Habana- de que se quiere ahogar
por hambre al pueblo cubano es cierto. Lo que no es cierto es que sean los
EE.UU. Las empresas americanas fueron expropiadas en Cuba, por tanto, no son las
que le pagan los sueldos míseros al cubano. Los americanos no son los que ponen
los precios elevadísimos a los productos básicos en Cuba, imposibles de pagar
por un trabajador cubano, con el objetivo de que recurra a sus familiares en el
exterior para que le ayude. Los cubanos exiliados sabemos muy bien que nosotros
no ayudamos a nuestros familiares, nosotros pagamos un rescate continuo a un
secuestrador que “garantiza” la supervivencia de sus rehenes y cada vez
chantajea más, e incrementa indiscriminadamente los precios que van desde una
simple llamada telefónica –solo permitida en un solo sentido, algo que prueba la
incomunicación del rehén- a un simple medicamento.
El querer culpar a
los americanos, de la situación cubana actual, es intentar disfrazar el fracaso
social, político y económico de una forma tan absurda que -para desmentirlo-
solo hace falta remitirse a cuando existía el CAME (Consejo de Ayuda Mutua
Económica), donde la economía era sostenida por los aliados comunistas a cambio
del posicionamiento político e ideológico común, y del asesoramiento y envío de
tropas militares cubanas a conflictos internacionales – ya sea para ocasionarlos
o para ponerse del lado de una de las partes- a nombre de un llamado
“Internacionalismo proletario”. En ese tiempo a Castro nunca le interesó
comerciar con quien representa a los ciudadanos que expropió.
Pero ni en
el tiempo en que Fidel recibía un jugoso pago, por tener la libertad de todo un
pueblo hipotecada, mejoró sustancialmente el nivel de vida del cubano. Cuba sin
ser productora de petróleo llego a exportar parte del que le “regalaba” la URSS
sacrificando el consumo -tanto directo como indirecto del oro negro- de sus
ciudadanos. Eso sí, el dinero para la verdadera injerencia en Latinoamérica, y
otras partes del mundo estaba garantizado.
El valeroso tirano – con su
habitual cinismo- acusa de injerencista a unas medidas que no van avaladas con
tropas. Las medidas no se escudan bajo el nombre de “Internacionalismo
proletario” ni llevan sangre a un pueblo diferente. Se sostienen en el derecho
internacional que deben tener los ciudadanos de estar informados, de que se
respeten sus derechos, y las violaciones a esos derechos sean conocidas y
condenadas por los países que comparten los valores e ideales de libertad y
democracia. Se sostienen por un concepto de solidaridad incapaz de comprender
por un esquizofrénico payaso que se cree un Gladiador pisando la arena, cuando
lo que pisa es la tierra desértica en que ha convertido un gran país.
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