Política

Fracasó el gobierno en Barcelona

La política exterior, ninguna política, se improvisa. Tiene razón el lider de la oposición cuando dice que las cumbres se preparan antes y los acuerdos se cierran antes. Lo contrario es solo una foto, propaganda sin resultados que acrecentará el hastío de los ciudadanos por la política cuando la realidad se imponga y la realidad siempre llega.

Editorial
Minutos antes de que S.M. el Rey don Juan Carlos pronunciase el discurso de apertura de la cumbre Euromediterránea de Barcelona, los micrófonos de la sala recogieron la charla entre el presidente español, José Rodríguez Zapatero y el Director de Exteriores de Moncloa, Carles Casajuana. Con los micrófonos abiertos, el presidente – que los creía cerrados – trasladó a Casajuana la necesidad de cerrar como fuera un texto como objetivo de la cumbre. “Los textos no van muy bien, estamos intentando cerrar algo” le explicaba Casajuana al presidente. “Hay que cerrarlo como sea, ¡vamos!” replicó Zapatero.

Las frases escuchadas -antes del discurso de inauguración del Rey- evidenciaban que la Cumbre Euromediterránea no iba a ser la panacea del diálogo y el entendimiento, como la habían publicitado desde la Moncloa. Más aún, el papelón del micrófono abierto –que obligó a Casajuana a pedir disculpas a Israel por calificar en un tramo de la conversación a su delegación de “intratable”- auguraba el fracaso de la cumbre a raíz de la falta de acuerdo sobre la definición de terrorismo.

Sin embargo, la retórica gubernamental hizo de la Cumbre Euromediterránea un acontecimiento “sin precedentes”, algo sorprendente a cuenta del escaso entusiasmo que han suscitado los modestos resultados de la reunión, dentro y fuera de España. En efecto, lo único que se logró fue un acuerdo de mínimos “in extremis” entre los delegados de la UE y los pocos mandatarios árabes que se dignaron en venir a Barcelona simplemente para cumplir con el expediente.

La decepción final de lo que pretendía ser la presentación formal de la pomposa Alianza de Civilizaciones no podía ser más frustrante. De todos modos, pocos apostaban por su éxito dado lo equivocado de su planteamiento. Pretender reemplazar las ideas de democracia y libertad por las de “comprensión del Otro”, haciendo creer que el terrorismo es una patología exógena, como si fuera una malformación cultural, es un error peligroso que podemos pagar muy caro.

La política exterior, ninguna política, se improvisa. Tiene razón el lider de la oposición cuando dice que las cumbres se preparan antes y los acuerdos se cierran antes. Lo contrario es solo una foto, propaganda sin resultados que acrecentará el hastío de los ciudadanos por la política cuando la realidad se imponga y la realidad siempre llega.

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