El Premier británico afronta un año clave en la gestión política y económica del país. En sus casi dos años ha alternado momentos álgidos con otros, no tan lejanos, en los cuales parecía que sus horas estaban contadas.
Editorial
Ha sido la crisis económica la que ha devuelto a Gordon Brown a un lugar protagonista en Reino Unido. Su situación ha mejorado notablemente con respecto al verano pasado cuando, no debemos olvidar, muy pocos de sus correligionarios apostaban por él y nombres como el de Miliband circularon por los mentideros periodísticos y parlamentarios británicos como candidatos a liderar al Labour Party.
Lo cierto es que la crisis financiera global ha relanzado su figura. ¿Por qué? Por dos razones complementarias: por un lado, los conservadores no se imaginaban una crisis de tal calado y, sobre todo, entre sus políticas innovadoras, la economía no ocupaba un lugar destacado. Por otro lado, el Primer Ministro hizo valer su experiencia de 10 años al frente de la economía británica.
Este segundo dato es fundamental pues le ha permitido maniobrar con total libertad. Sin embargo, sus medidas están lejos de ser innovadoras. Defiende una mayor intervención, un poder cuasi-omniabarcante del Estado en arenas tales como la educación, el transporte o la sanidad, con la única finalidad de aumentar el empleo.
El líder laborista habla con orgullo de que creará más de 100.000 puestos de trabajo. Sin embargo, no cita un aspecto fundamental: las arcas británicas quedarán endeudadas para muchos años. El despilfarro, pues no se puede emplear otra palabra, del gobierno británico ha ido in crescendo en los últimos meses.
Los resultados, o por mejor decir los objetivos, no se han cumplido. Lo que sí ha conseguido es reducir la sideral distancia que le llevaban los tories. Por tanto, la pregunta que urge hacerse es si las soluciones planteadas por Brown tienen como beneficiario a su país o a su partido.
Este modus operandi de Brown está teniendo un firme seguidor en el Rodríguez Zapatero, aunque con una diferencia importante: el británico es muy cuidadoso a la hora de ofrecer cifras y fechas, el español todo lo contrario. El siguiente enigma a desentrañar es cómo serán las relaciones con su histórico socio, Estados Unidos, pues al contrario que en los años de Blair y Bush, donde predominaron las cuestiones geoestratégicas, parece que entre Obama y Brown serán las económicas las que marquen la agenda cuando menos durante los primeros compases. Prestemos atención.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR