América, Política

¿Hillary en riesgo?

Los planes de Hillary Clinton no pasaban por entrar en campaña tan pronto y exponerse al escrutinio que le tienen preparado sus adversarios de cara a 2016.

Pero una controversia ética la puede empujar a salir a la palestra antes de lo necesario, algo con lo cual sus potenciales rivales demócratas, como el Vicepresidente Joe Biden y la senadora Elizabeth Warren, no contaban.
 
Desde que se supo que la ex secretaria de Estado había utilizado una cuenta de correo electrónico desde un servidor privado durante los años en que fue jefa de la diplomacia, eludiendo así el sistema de comunicaciones oficial, el escándalo no cesa. En otra persona, despertaría menos susceptibilidades; en el de Hillary, que, junto a su marido, se ha pasado media vida bajo el fuego graneado de acusaciones por faltas éticas, trae cola.
 
La razón es que el affaire de los emails permite a los críticos de Hillary resucitar una retahíla de escándalos que dibujan un identikit ingrato. Se ha recordado en estos días sin tregua la desaparición misteriosa de las facturas y recibos de los trabajos que hizo Hillary en los 80 como abogada de la Rose Law Firm para una entidad financiera fracasada a la que se acusó de haber recibido un trato de favor del gobierno de Arkansas que presidía Bill Clinton (reaparecieron, no menos misteriosamente, en la Casa Blanca en los años 90). La nueva controversia ha dado a los detractores de Hillary la ocasión perfecta para empezar a instalar en el electorado con menos memoria la idea del regreso al pasado.
 
Hay una cierta base para ello: la última encuesta de The Wall Street Journal/NBC indica que para el 51% de la población su Presidencia implicaría volver a “políticas del ayer”.
 
Nada de esto preocuparía a Hillary -y a Bill Clinton- excesivamente si no fuera por dos efectos potenciales: uno es obligarla a adelantar el anuncio oficial de su candidatura; otro es convertir el “paseo” de su nominación por el Partido Demócrata en unas horcas caudinas de las que salga humillada, a merced de los republicanos. Varios asesores creen que si no sale a anunciar su candidatura de una vez (a estas alturas ya Barack Obama había anunciado la suya en 2007), no va a poder desviar la atención de su conducta personal hacia los temas nacionales. Y si continúa el desgaste, los rivales demócratas, que andaban silentes, van a recobrar súbitamente su locuacidad.
 
Según los sondeos, entre votantes demócratas la ventaja de Hillary es galopante. Pero un dato sugiere el riesgo mencionado: mientras que más de 80% dicen que podrían votar por ella, algo más de 50% dicen lo mismo de Joe Biden y de Elizabeth Warren. Si más de la mitad del electorado del partido ya tiene una opinión lo bastante favorable sobre dos potenciales rivales de Hillary como para responder de esa forma, el peligro quema los ojos. En 2007 Hillary era la aplastante favorita pero la irrupción de Obama desbarató sus planes.
 

A quien más teme Hillary es a Elizabeth Warren, y no sólo porque es la única capaz de disputarle el poderoso simbolismo de ser candidata mujer a la Presidencia.

Como actriz fundamental del grupo supervisor del rescate financiero durante la crisis de 2008/9, Warren se convirtió en portaestandarte de la indignación ciudadana contra Wall Street. Aunque su perfil izquierdizante la perjudica con el electorado general, la hace popular en la base demócrata. Una Warren dedicada a advertir sobre el riesgo de nominar a Hillary podría hacerle un daño considerable. Joe Biden sería un beneficiario directo.

Artículo publicado originalmente en La Tercera

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