América, Política

La imagen del presidente peruano, Pedro Pablo Kuczynski, sigue siendo débil

En las últimas dos semanas, tras el cuestionado indulto humanitario que fuera conferido al debilitado ex presidente Alberto Fujimori, la ya entonces escasa popularidad del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, cayó aún más.



Pasó de un respaldo a dicha medida del 56% a uno del 53%. No es, sin embargo, un endoso menor. Lo que evidencia el nivel de respeto que aún tiene el líder que en su momento derrotara, con el coraje del caso, nada menos que a Sendero Luminoso, pese a los serios problemas que en su momento se le enrostraran y lo llevaran a prisión.

En contracara, la popularidad de Kenji Fujimori, que ha sido el artífice principal de la liberación de su padre, trepó enseguida enérgicamente, del 33% al 38%. Y la de su hermana Keiko, del 29% al 30%.

A su vez, la popularidad del presidente Kuczynski, que esencialmente carece de caudal político propio, pasó del 25% al actual 23%. Y su nivel de rechazo sigue siendo claro, y hasta preocupantemente grande: del 70% de los entrevistados que así responden, muy negativamente. Lo mismo sucede, aunque en alguna menor medida, con los principales ministros que componen su actual gabinete, incluyendo a la ministra de economía, Claudia Cooper.

 Los peruanos, cabe puntualizar, son siempre particularmente desconfiados de sus líderes políticos. La opositora Keiko Fujimori, por ejemplo, tiene una desaprobación del 65%; su hermano y rival, Kenji Fujimori, una del 55%; el centrista Julio Guzmán una del 53%; y la izquierdista Verónika Mendoza, una del 63%. En el competitivo y altamente dividido mundo de la política del Perú es entonces aparentemente cierto aquello de que: “nadie es profeta en su tierra”. Todos generan alguna resistencia.
 
 
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
 

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