Israel prosigue su acometida contra Hamas confirmando las palabras de Olmert y Barack de que se trataría de una ofensiva en varias fases. Mientras tanto, el Mahmud Abbas buscaba el apoyo del Presidente español y lo ha conseguido.
Editorial
La reunión que ha mantenido Rodríguez Zapatero con la máxima Autoridad Palestina, como se preveía, no ha dejado indiferente a nadie. Tampoco sus resultados. Uno de los vocablos que más han salido de la boca del líder socialista español durante sus años de mandato como es el de “diálogo”, fue el protagonista.
El conflicto entre palestinos e israelíes exige tanto a políticos como a periodistas y analistas, ser escrupulosos e incluso precavidos en sus juicios. Dicho con otras palabras: no tomar partido, debido a la complejidad del problema. Esta exigencia básica se la ha saltado Zapatero (una vez más) y ha apostado por el diálogo con Hamas como fórmula para resolución del contencioso.
Como es la nota predominante en la mayor parte de occidente, nuestro Presidente ha venido a condenar a Israel. Es lo fácil e incluso se está convirtiendo en lo políticamente correcto. Entonces, señor Zapatero, ¿de qué sirve que la Unión Europea haya puesto a Hamas en el listado de organizaciones terroristas?, ¿no tienen responsabilidad alguna en el actual conflicto?
El propio Abbas podría haber ayudado a Zapatero a la hora de contextualizar su posición y haberle explicado que estos terroristas le han estado desafiando durante los últimos meses, siendo los causantes primeros de las penalidades y sufrimientos que el pueblo palestino padece cotidianamente. Igualmente, no podemos olvidar que Hamas no tiene ningún tipo de reparo moral a la hora de emplear a inocentes como escudos humanos.
Como venimos sosteniendo, hay que diferenciar bien claramente entre el pueblo palestino, que en su inmensa mayoría quiere vivir en paz, de Hamas para quien su terrorismo y prácticas fascistas se han convertido en un negocio muy rentable, lo mismo que su victimismo. Un escenario de conflicto permanente parece convenirle y ejemplo de ello es el rechazo del plan de paz de Egipto.
El diálogo del que habla Zapatero nos tememos que tiene que ver más con la cesión que con otra cosa. Nuestra máxima de que apaciguar no soluciona el problema, cobra sentido. La negociación o el diálogo daría oxígeno a Hamas, es decir, su amenaza seguiría siendo permanente para palestinos e israelíes e incluso la causa que dice defender ¿? cobraría una legitimidad que ni tiene ni merece.
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