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Independencia de Montenegro

Editorial
Es este un tema sobre el que se está pasando de puntillas en Europa, pero merece una reflexión profunda y que saquemos conclusiones para el resto de países del Viejo Continente.

Al parecer, no todo en esta orilla del Atlántico es definitivo. Vemos cómo, aunque ya ha llovido desde la Paz de Westfalia (1648), en que se crearon la mayoría de los actuales Estados-nación europeos, aún hoy siguen surgiendo nuevos Estados independientes.

Si bien es cierto que Montenegro ya era antes un Estado y gozó de independencia hasta su inclusión en la República Federal (Socialista) de Yugoslavia, el hecho de formar una unión con Serbia no le permitía ejercer su derecho a la autodeterminación.

Pero hay ciertos elementos de este proceso que no pueden dejar de llamar la atención, como el hecho de que bastase sólo con el 55% de los votos (que no de la población) para que un Estado se redefiniera en la escena internacional. Aunque todos los países, incluida Serbia, han aceptado el resultado del referéndum, no deja de llamar la atención que un margen tan exiguo pueda marcar la diferencia entre una realidad y otra. Dicen que ha sido en pro de la paz.

Sin embargo más aún llama la atención que algunos pretendan equiparar la realidad de Montenegro con la de otras regiones con aspiraciones nacionalistas y separatistas existentes en el seno de otros Estados-nación. En estos últimos casos, obviamente, no bastaría ni con preguntar sólo a la región en cuestión, ni bastaría el 55%.

Westfalia es vieja, el continente es viejo,… y sabio.

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