La crisis económica desatada ha provocado una oleada de medidas que se pueden resumir en una sola: apuesta (descarada) por la intervención gubernamental. Uno de los mejores exponentes de este modo de proceder ha sido y es Gordon Brown.
Editorial
El año político en Reino Unido está siendo complejo. Durante buena parte de 2008, Gordon Brown no sólo estaba destinado a perder las próximas elecciones generales, sino que parecía utópico que pudiera ser el candidato del Labour en las mismas. A partir de septiembre se produjo un vuelco radical. La crisis económica ha sido una aliada para el líder del laborismo, lo que es contradictorio pues fue Ministro de Economía durante 1997-2007.
Debemos analizar las razones de esta paradójica situación. La crisis económica pilló desprevenidos a unos y otros. Nadie tenía un mensaje para explicarla ni un conjunto de recetas para sofocarla… excepto Brown.
La Conferencia del Partido Conservador, celebrada una semana después de la laborista, ejemplificó esta situación. El demoledor mensaje de Brown ante los suyos en Manchester fue una losa demasiado pesada para la dupla tory Cameron-Osborne. El apoyo que ambos dieron al gobierno respondió a una doble causa: no tener en plan propio y no querer parecer un partido de oposición desleal, más pendiente de criterios electoralistas que del interés general del país.
El otoño ha sido, por tanto, el “momento Brown” tanto en su país como a nivel internacional. Este escenario nos ha permitido ver que el auténtico Primer Ministro está más cerca a las tesis de Harold Wilson y James Callaghan que de las de Blair. Su apuesta por el (descarado) intervencionismo es lo que nos permite hacer la afirmación anterior.
Su protagonismo de estos dos meses ha hecho concebir unas esperanzas que, de momento, son falsas. El laborismo ha recortado distancias frente a los tories…pero no en demasía. El 45% vs 30% a favor de los conservadores muestra que la situación no ha cambiado. Lo único nuevo es que la apuesta de Brown ha dejado endeudadas a las arcas británicas para la siguiente legislatura.
Ante un hipotético triunfo tory, el escenario económico heredado no será halagüeño. Urge, por tanto, que David Cameron y los suyos nos hablen de sus planes económicos. Hasta ahora poco sabemos y lo que conocemos tampoco invita al optimismo. Parece que la única receta económica (¿o electoral?) es renunciar al Tacherismo. Si optan por tal estrategia, peligrosa amnesia la de los conservadores, pues fueron las ideas económicas de la Dama de Hierro las que hicieron posible la recuperación a todos los niveles de su país en los ochenta.
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