Política

Irak: salida gradual o no salida

La idealización de Obama –al igual que la de los denominados blandos- tiene el contenido de lo políticamente correcto, pero la insustancialidad de la falta de pragmatismo.

Editorial
El candidato demócrata a la presidencia y competidor de Hillary Clinton, Barack Obama, propueso realizar una retirada gradual de las tropas asentadas en Irak para prevenir la violencia. Obama dice que de esta forma se ahorrarían costos innecesarios en la estrategia de salida, y el país haría un papel decoroso en las relaciones internacionales.

Hace pocos días, el jefe del mando militar en Irak, David Petraeus señaló en el Congreso que retirarse de Irak constituiría una irresponsabilidad, tal como están las cosas, y se mostró cauto a la hora de hablar de un retorno de tropas. Para el buen entendedor, lo que dijo Petraeus fue que dada la situación, la presencia de soldados norteamericano en Irak era indispensable.

Objeciones apresuradas

Obama, al igual que otras expresiones denominadas “blandas”, integran la corriente moderada con respecto a la estrategia en Irak, significando esto que EEUU se estaría entrometiendo en la política de ese país, y que es hora de dejar el dominio de la situación a las autoridades internas. Que Irak estaría mejor si EEUU se retirara del territorio y dejara a ese pueblo dirigir su propio destino.

La idealización de Obama –al igual que las de los denominados blandos- tiene el contenido de las definiciones políticamente correctas, pero la insustancialidad de la falta de pragmatismo. Es a todas luces apresurado (por no decir irresponsable) pedir que las tropas americanas dejen la situación interna a una sociedad tribalizada y dominada por el fundamentalismo más viceral. Una realidad destinada al enfrentamiento y, posiblemente, a su disolución.

El costo en vidas y recursos del conflicto no escapa a nadie. La inestabilidad interna y la violencia constante forman parte de una dolorosa realidad. Pero es esa misma realidad la que exige ser cautos a la hora de profetizar políticas y lanzar diagnósticos. Posibles cuando se está en la oposición, pero irreales cuando se ejerce el poder. El dilema de blandos y duros puede sintetizarse, hoy por hoy, en el idealismo electoralista de la oposición, y el peso de la realidad en el propio gobierno.

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