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Israel afronta algo más que unas elecciones

El próximo martes el Estado Hebreo celebrará elecciones. Las encuestas auguran unos resultados apretados entre dos protagonistas, Netanyahu y Livni, y otorgan un role estelar a los partidos bisagras, algunos de corte xenófobo, que se han visto espoleados por el reciente enfrentamiento con Hamas.

Editorial

Si las relaciones exteriores de Israel han sido complejas durante el último año, algo similar puede decirse de su política doméstica. Las acusaciones (probadas) de corrupción sobre Olmert provocaron que éste tuviera que dejar la dirección de Kadima en manos Tzipi Livni quien incapaz de formar gobierno, dio un golpe de efecto el pasado otoño convocando elecciones para febrero.


 


La vida política israelí tiene la “peculiaridad” de que pocos de sus gobiernos acaban las legislaturas. Complots, luchas intestinas o corrupción hacen que así sea. Las repercusiones no sólo afectan a su Estado sino que repercuten de forma inmediata en el entorno geográfico más cercano.


 


Durante 2008 Olmert-Barack-Livni dieron pasos, mínimos pero sólidos, de cara a alcanzar un acuerdo con Abbas en el contexto del Proceso de Annápolis. Sin embargo, la cascada de acontecimientos que se produjo a partir de octubre hizo que las expectativas de paz se vieran truncadas.


 


El reciente enfrentamiento de Israel con Hamas ha hecho que su población se decante hacia los partidos de derecha o de extrema derecha, especialmente a la figura política de Avigdor Lieberman. Éste no tiene opciones de ganar pero sí puede ser la clave de un gobierno de coalición liderado por Likud.


 


Una deriva hacia la extrema derecha sería definitiva para que el acuerdo de paz con los palestinos quede pospuesto ad eternum. Podría provocar, igualmente, que los palestinos se decantasen por la organización terrorista Hamas en lugar de por los moderados de Abbas.  No olvidemos, además, que Irán celebra elecciones este año por lo que la respuesta de su electorado podría ser también la radicalización, esto es, optar por Ahmadineyad frente a los candidatos modernizadores (Jatami).


 


Tzipi Livni ha mostrado sus credenciales centristas pero pueden faltarle apoyos ya que sus socios principales, los laboristas de Barack, están siendo los grandes perjudicados de la extrema derechización del electorado. El Likud de Netanhayu, gran favorito hace unos meses, ha visto como las distancias con Kadima son mínimas actualmente, de ahí que, en cierta manera, haya virado al centro. Ahí es donde puede estar la clave de cara al futuro: un gobierno de coalición con políticos expertos que deje al margen extremismos y xenofobias que sólo dan como resultado que la paz en Oriente Medio sea una utopía.

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