Las pasadas elecciones en Israel dieron uno de los resultados más apretados de su historia. Livni fue la ganadora, pero con tan escaso margen, que se hizo aventurado determinar quién sería el próximo Primer Ministro. Con el encargo del Presidente Peres a Netanyahu para que forme gobierno se ha arrojado algo de luz.
El comentario
La elección de Peres, antiguo laborista y miembro de Kadima como Livni, no debe sorprender. Netanyahu ya fue Primer Ministro del país entre 1996-99 y conoce bien los entresijos del poder. Su derrota frente a Livni fue por escasa diferencia. Y antes de que aquélla se convirtiera en líder de Kadima (septiembre), Netanyahu ya había gestado una coalición gubernamental oficiosa.
El panorama doméstico de Israel no es precisamente sencillo. Su complejidad se ve aumentada por el hecho de que dentro de las propias formaciones políticas hay frecuentes movimientos. Un buen ejemplo es Kadima que nació como consecuencia de una fractura de Likud y que integró a numerosos representantes del laborismo moderado como el propio Simón Peres.
En las últimas elecciones asistimos a un vuelco hacia el centro y la derecha, representados por Kadima y el Likud. Con determinate presencia de la ultraderecha y el efecto Lieberman, ha sido el laborismo, representante tradicional de la izquierda socialista en el Estado de Israel, el gran damnificado de las preferencias del electorado.
Atención va a merecer en las próximas semanas el gobierno de coalición que Netanyahu forme si en él toma parte Lieberman. Se trata de un político de tintes xenófobos y populistas, cuya ideología-programa no sólo podría repercutir en el conflicto con los palestinos, sino dentro de la propia sociedad israelí. Incluso el sector ultra-ortodoxo no ve con buenos ojos la laxitud con la que Lieberman interpreta la religión.
No menos importante será el role de Livni quien se ha negado a formar parte de un gobierno de unidad nacional, ¿adoptará un role constructivo? ¿Qué futuro espera a Barack y al laborismo: renovación del mensaje con una orientación más profunda hacia la izquierda?
De cara al futuro inmediato, la labor del propio Netanyahu será observada con lupa no sólo por la posición que adopte en los escenarios tradicionales (Irán, Palestina o las relaciones con Obama) sino por su política económica. Nos encontramos ante un defensor del capitalismo con un programa electoral donde las propuestas frente a la crisis económica tenían tanta importancia como las referentes a la seguridad.
Con todo, Israel se mueve como cualquier democracia occidental y eso es una garantía más allá de los problemas y dificultades que todas las democracias tienen. Si eso sucediera en Palestina hace tiempo que el conflicto hubiera dejado de parecer eterno. Pero ese es otro comentario.
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