Política

Kadima y los laboristas acuerdan un Gobierno estable para Israel

Los ultraortodoxos del partido Sha tienen la última palabra sobre la constitución de un nuevo Gobierno para Israel. Sin ellos, el acuerdo entre Kadima y los laboristas para que Livni sea la jefa del Ejecutivo podría quedarse en nada.

Quedan los ultraortodoxos
La crisis financiera ha espoleado las negociaciones entre los laboristas y Kadima, el partido que preside Tzipi Livni. Durante la última semana, las negociaciones y las cenas privadas se sucedieron para dar forma a un proyecto conjunto.

Había serias posibilidades de que Ehud Barak se negara a llegar a un acuerdo con los conservadores, porque éstos habían sufrido un fuerte deterioro en los últimos meses con las acusaciones de corrupción contra su líder, Ehud Olmert. Éste podía ser el momento de recuperar el poder.

Sin embargo, la crisis financiera y las concesiones de Livni les convencieron de lo contrario. El derrumbamiento de los mercados podía repercutir en la inversión extranjera, en la contracción de las exportaciones israelíes y en la reducción de las ayudas al Estado de Israel provenientes de todo el mundo.

Pero Ehud Barak consideró que las concesiones de la presidenta de Kadima, en el contexto actual, eran suficientes como para que la respaldasen. El acuerdo entre Livni y Barak otorgará a este último una condición privilegiada en el Ejecutivo. Será viceprimer ministro y jugará un papel fundamental en las negociaciones con Siria y la Autoridad Palestina. Asimismo, los asuntos trascendentales deberán ser pactados entre los dos partidos primordiales de la coalición antes de ser sometidos a votación en el Gabinete.

El único partido que puede hacer que los acuerdos entre Kadima y laboristas no queden en agua de borrajas es la formación ultraortodoxa Shas. El líder del Likud, Benjamin Netanyahu, que es el favorito en los sondeos, ha hablado con los ultraortodoxos para que no le den su apoyo a Livni y provoquen así unas elecciones generales. La contrapartida sería incluirlos en el Gobierno con un peso mayor que el que representan sus escaños.

Entre laboristas y Kadima aportan 48 diputados. Será necesario lograr 13 más para disponer de mayoría en un Parlamento de 120 escaños. Livni deberá ahora persuadir al Shas, que venderá caros sus 12 asientos en la Cámara.

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