Kirchner ha anunciado a través del canal nacional y desde la Casa Rosada que no cederá rebajará los impuestos a la exportación de soja, que el campo considera excesivos. En un intento por mejorar su imagen, destinará lo que recaude por los impuestos de la soja, que graven más de un 35, por ciento a hospitales y viviendas subvencionadas.
Intenta ganar la batalla de la opinión pública
El decreto 904, que ha sido la forma elegida para legislar con independencia de las peticiones del campo argentino, prevé una dotación de 1.000 millones de dólares para la construcción de 30 hospitales públicos de tecnología punta, 300 nuevos centros de salud primaria, viviendas subvencionadas e incluso caminos rurales.
A pesar de las grandes cifras, no existe ningún mecanismo para distribuir el dinero. Esto podría dar rienda suelta a la arbitrariedad por parte de la Casa Rosada, ya que los pesos se repartirían sólo mediante acuerdos puntuales con gobernadores e intendentes.
Por otro lado, la presidenta, según medios argentinos, buscaba la desunión del campo y eso explicaría que hubiera pedido disculpas, algo que Néstor Kirchner nunca habría hecho en su lugar.
“Si alguien se sintió ofendido por una palabra que yo haya dicho o por un gesto, cualquier argentino, le pido perdón”, afirmó la presidenta. Y añadió que “[su error fue] creer que la distribución del ingreso se hace, tal vez, con una política que pese a haber sido revalidada en las urnas requería una mayor explicación o tal vez un mayor ejercicio de responsabilidad por parte de todos”.
Para que no hubiera dudas de que lo que estaba haciendo no podía interpretarse como la menor concesión al campo, acusó a sus representantes de generar “inflación”, “derramar ríos de leche”, “cortar rutas” y de negarse a “contribuir en la redistribución” de los ingresos.
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