El Presidente venezolano ha expresado su punto de vista sobre las futuras elecciones norteamericanas. Apuesta por Obama. Opinar sobre comicios electorales y candidatos de otros países es uno de los hobbies favoritos del bolivariano.
editorial
Cuando tienen lugar elecciones presidenciales en cualquier parte del mundo, las diferentes cancillerías apuestan por la cautela, esto es, no decantarse por ninguno de los rivales. Dicha palabra no está en vocabulario de Chávez Frías, sobre todo si la contienda tiene lugar en el “Imperio”.
El caudillo venezolano no se detiene ahí. Da un paso más y traza la agenda de Obama en escenarios muy concretos como Cuba, Irán o la misma América Latina, países con los que él ha buscado (y conseguido) formar una entente anti-Estados Unidos durante los años de Bush. El desprecio por la democracia liberal les une pues su sistema político o su cultura son diametralmente distintos.
¿Cómo deberá reaccionar Obama ante las palabras de Chávez? Con cautela. Que el senador demócrata haya manifestado su deseo de mantener diálogo con los líderes populistas latinoamericanos no debería implicar cesión alguna ante los habituales liberticidios de aquellos sino condena rotunda.
Si efectivamente América Latina ocupa un lugar importante en la agenda de Obama, éste deberá prestar atención a los partidos de oposición ya que son las primeras víctimas de las políticas gubernamentales. Por su parte, la susodicha oposición, si realmente quiere ser tenida en cuenta por la Casa Blanca como interlocutor, deberá presentar un mayor grado de organización y de quórum.
La misma firmeza que le pedimos para América Latina, se la exigimos también en otros escenarios conflictivos, como Corea del Norte (no basta que el gobierno Pyongyang detenga el programa de desnuclearización pues la situación política, económica y social del país es deplorable), Irán (y la “ambigüedad” de Ahmadineyad hacia las ofertas del sexteto negociador), Cuba (y el pseudoreformismo o criptodictadura de Raúl Castro) o Rusia… pues todos ellos tienen la característica común de gozar de la aquiescencia del venezolano.
Pensar que una victoria de Obama será sinónimo de normalización de las relaciones con la Venezuela chavista es utópico. Chávez no va a cambiar. Su socialismo del siglo XXI es una ideología autoritaria cuya finalidad única es la imposición. Si obtiene malos resultados el próximo 23N, habrá rienda suelta para la diatriba descalificadora del chavismo y Obama no se librará.
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