La importante medida del Gobierno para combatir la estallido de la burbuja inmobiliaria, construir 150.000 viviendas públicas, ha empezado a darse de bruces con la realidad. Las personas con pocos recursos, que suelen acceder a este tipo de pisos, no pueden comprarlos sin pedir un crédito y los bancos temen que les no les devuelvan el dinero
Los bancos no dan créditos
Los promotores inmobiliarios iban a apostar por las viviendas públicas aunque su margen de beneficio descendiera a menos de la mitad. Esto se ha ido confirmando a medida que los pisos se desplomaban y las grandes inmobiliarias no eran capaces de hacer frente a sus deudas porque resultaba imposible vender lo previsto.
Lo que no estaba en el guión era que los bancos, al borde de la asfixia con la crisis del crédito, se negaran a prestar a los compradores de una vivienda mucho más barata y accesible que las que se encuentran a precio de mercado. Sin embargo, parecía una conclusión lógica: a la hora de reducir el riesgo con los que se endeudan, lo primero es no conceder créditos a los que tienen pocos recursos ahora y una posición no totalmente sólida en tiempos de crisis y desempleo.
Según la Asociación de Promotores Constructores de España, la vivienda protegida nunca se había visto afectada por una crisis económica nacional. Los expertos matizan que nunca se había producido el estallido de una burbuja inmobiliaria en España y que tampoco había coincidido ésta con una crisis financiera que redujera la capacidad de maniobra de los bancos.
Pero las viviendas públicas no son la única medida impulsada por el Gobierno que está en peligro de quedarse en nada. El Instituto de Crédito Oficial, dependiente del Ministerio de Economía, pensaba titulizar las hipotecas hasta que llegaran a los 15.000 millones de euros. En otras palabras, querían “empaquetar” las deudas en un solo producto financiero y darles la credibilidad del Ministerio de Economía para venderlas en el mercado.
Los expertos consultados creen que el ICO se limitará a prestar dinero a las personas que devolverían con dificultad los créditos contratados, por lo que ocuparán temporalmente el hueco de bancos pero no resolverán todos los impagos que podría producir un aumento del paro con el que la mayoría de la gente no contaba.
El dinero seguirá caro
Hoy Trichet no sólo no ha bajado los tipos de interés sino que también ha anunciado un endurecimiento del sistema de garantías para los bancos que necesiten que el BCE les preste dinero. Esto tendría dos consecuencias: la gente debería seguir pagando un alto precio por la financiación que necesitan de los bancos y las entidades financieras se encontrarán con cada vez más problemas a la hora de conseguir el dinero necesitan para prestar a sus clientes.
La misión del BCE sigue siendo contener la inflación, que prevén entre el 3,4 y el 3,6 por ciento en 2008 y entre 2,3 y el 2,9 por ciento para el año próximo. Se considera que una subida de los precios superior al 2 por ciento tiene consecuencias negativas para el crecimiento económico. Trichet ha reiterado que hará lo que sea necesario para “mantener las expectativas de inflación ancladas”.
“La inflación es el impuesto de los pobres porque no es progresivo y destroza las expectativas de los pequeños ahorradores, por eso hay que atajarla de un modo prioritario. Además el estatuto del Banco Central Europeo le exige una dedicación exclusiva a los precios y no al crecimiento económico”, afirma un experto para Diario Exterior.
Si el precio del dinero es altísimo y hay poco en el mercado, las expectativas del Gobierno se verán frustradas, porque nadie prestará a los clientes habituales de las viviendas de protección oficial, que suelen tener pocos recursos. “Los pisos son baratos pero hay que pagarlos todos los meses”, apunta un analista.
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