El inicio de las semifinales de la Davis ha sido uno de los acontecimientos más esperados del año deportivo. Tras la primera jornada, rozamos la final. El domingo el tenis español puede escribir una nueva página de oro.
Editorial
Con una mezcla de sufrimiento y contundencia, España se ha puesto 2-0 en la eliminatoria contra Estados Unidos. Del punto de Rafa Nadal nadie dudaba. El mallorquín era superior en juego y fe en sí mismo al norteamericano Querrey. Sin embargo, la Davis es una de las pocas competiciones donde el ránking ATP poco importa y nuestro campeón hubo de esforzarse hasta la extenuación.
¿Qué decir de David Ferrer? Se enfrentaba a uno de los grandes del circuito como Roddick. El norteamericano, especialista en superficies rápidas, tiene una clase descomunal que le hace adaptarse a la tierra fácilmente. Partido épico. Cinco sets. El último con un tanteo made in Davis: 8-6.
Queda un punto por conseguir y tres encuentros por jugar. Catastrófico sería no lograr el objetivo. Es aquí donde proponemos algunos “peros” con los que en ningún caso queremos cuestionar a las raquetas españolas.
El primero de ellos, el doble. Finalizada la década gloriosa de los ochenta con la pareja Casal-Sánchez Vicario (hoy capitán de “la armada”), hemos experimentado un déficit de doblistas. Hay que solucionar este problema cuanto antes, pues en casi todas las eliminatorias partimos con un punto perdido de antemano, lo que exige un esfuerzo suplementario en los “singles”.
Tampoco debemos perder de vista la excesiva dependencia que tenemos de la tierra batida. Sería adecuada una especialización, como ya lo ha hecho Nadal, en otras superficies sobre todo cemento y moqueta. No en vano, nuestros rivales tienden a optar por ellas conscientes de nuestras carencias.
Son aspectos a mejorar que no enturbian la fiesta que se ha vivido en el coso taurino madrileño. Ver la bandera española desplegada en la grada: emocionante. Ver a nuestros tenistas sintiéndose españoles y orgullosos de ello, más aún.
Individualizando el éxito, el domingo Nadal puede subir al penúltimo escalón para su repóker de ensueño de 2008: Roland Garros, Wimbledon, oro olímpico, Premio Príncipe de Asturias de los Deportes y ¿Copa Davis?…Por encima de estos logros, el principal: que es un número uno como persona.
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