Las diferencias de criterios sobre el terrorismo producen una profunda división, acentuada por posturas como las de la OEA, que en lugar de condenar la actividad terrorista, se muestra carente de convicción.
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Martes, 21 de julio 2026

Las diferencias de criterios sobre el terrorismo producen una profunda división, acentuada por posturas como las de la OEA, que en lugar de condenar la actividad terrorista, se muestra carente de convicción.
Editorial
La reciente crisis política en Ecuador, luego de que el presidente Correa desplazara a su ministro del Interior, y de que las Fuerzas Armadas entraran en virtual estado de desobediencia (al renunciar la plana mayor y los generales de más alto rango), puede pensarse en base a tres cuestiones:
1) La falta de consenso interno sobre cómo manejar la situación conflictiva con Colombia, en la que ha habido filtraciones de información, entredichos y desacuerdos en la propia cúpula del gobierno ecuatoriano.
2) La falta de credibilidad de Correa que desde que asumió el poder no ha hecho más que agredir al endeble marco institucional de la democracia (en especial al Parlamento) y cargar con violencia sobre la oposición, emulando lo que pasa en Bolivia.
3) La cuestión más importante: la incapacidad de demostrar, por parte de Correa, la justificación (por omisión) que hace de terrorismo de las FARC, escudándose en un discurso débil y engañoso sobre la solidaridad y la soberanía. Correa no sabe cómo desmentir el fárrago de información que ha proporcionado Colombia sobre la vinculación de las FARC con su erosionado gobierno.
Así las cosas, no es de sorprender que se desatara una profunda crisis en Ecuador. A la de por sí paupérrima situación económica, en la que el país necesita desesperadamente un repunte de la inversión, se suma un estilo personalista típico de los populismos de la región.
Más tensiones
Ahora, el viceministro de Defensa, Miguel Carvajal, denunció que un helicóptero colombiano con artillería cruzó los límites de la frontera, violando la jurisdicción aérea. Y declaro después que “despegó uno o dos aviones” para “hacer un sobrevuelo de reconocimiento”.
Ecuador y Colombia comparten una frontera de 600 kilómetros que se ha convertido en el teatro de operaciones de “grupos irregulares”, y confrontan respecto a los mecanismos para estabilizar la zona, que además es víctima de la más extrema pobreza y la falta de infraestructuras.
La situación no parece encontrar solución a corto plazo. Las diferencias de criterios sobre el terrorismo y sobre cómo actuar frente a ese contexto, agudizan la división. Y esto se acentúa con posturas como las de la OEA, que en lugar de condenar la actividad villana del terrorismo, se muestra como una entidad endeble y carente de convicción.
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