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LA FARSA CUBANA

Las elecciones serán una vergonzosa pantomima electoral en la que miles de cubanos depositarán su voto en una urna vacía de moral.

Editorial

El gobierno de Raúl Castro convocó a unas elecciones para decidir si su hermano, Fidel, retomará el poder en la isla. Si su larga convalecencia le permitirá retomar las riendas de un régimen penosamente sostenido por el centralismo y la opresión.

El llamado a elecciones debe ser calificado como lo que es: una verdadera farsa. La existencia de un partido único es considerada como un síntoma del apoyo social a los fines de la revolución. Como un símbolo de unidad del pueblo ante el avance imperialista. Sistema que detrás de su fachada humanitaria esconde la represión a la disidencia y el encarcelamiento a las mentes más libres de la isla.





Hace días Raúl Rivero, un peleador incansable por la libertad de Cuba, fue nombrado por la Comunidad de Madrid como titular del Foro Regional para la Inmigración. Una iniciativa que, en el fondo, tiende a permitir derechos y libertades que tanto cubanos como personas de otras nacionalidades, no tienen en sus países. Una iniciativa simple pero que esconde un enorme valor. Y Rivero encarna ese valor.

Diario Exterior ha seguido con cuidado ese proceso. Ha publicado numerosos artículos del escritor y convalidado su mensaje. Y es por ello que ve con optimismo esta decisión del gobierno madrileño. Una decisión ubicada en las antípodas de lo que representa y promueve el régimen castrista.

Ahora se realizan estas llamadas elecciones. Una vergonzosa pantomima electoral en la que miles de cubanos depositarán inexorablemente su voto en una urna vacía de principios. Una urna manchada por la persistente opresión y por la vergonzosa obstinación de un grupo de generales que ha dirigido a ese hermoso pueblo hacia la pobreza más penosa y degradante. Sólo basta con recorrer las calles de la Habana para saber de qué hablamos.

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