Los enfrentamientos entre el Gobierno y los rebeldes han provocado una sangría de 838 fallecidos sólo durante el pasado mes de junio y 9.500 en el último año. El Elman Peace Center ha presentado hoy estos datos.
Cada vez peor
“Hemos registrado la muerte de 838 civiles desde junio hasta hoy”, indicó el director de la ONG somalí Elman Peace Center, Yasin Ali Gedi, quien añadió que otras 1.329 personas habían resultado heridas durante el mismo periodo. “Cincuenta y cinco personas, todos ellos trabajadores humanitarios excepto dos que eran periodistas, han sido secuestradas en ese tiempo”, informó en una entrevista a Reuters.
Los enfrentamientos entre el Gobierno y la insurgencia se han extendido por las ciudades más pobladas del país, de modo que son pocos ya los que dudan en denominarlos guerra civil. Las confrontaciones armadas se suceden y en la capital, Mogadiscio, se han recrudecido hasta el caos.
La delincuencia que acompaña a todas las guerras y los abusos de un país africano que ni siquiera ha empezado a modernizarse han colocado a los somalíes en una situación límite. Si a esto le sumamos la sequía crónica de las tierras en una región agraria y donde el comercio es escaso porque carecen de dinero e infraestructuras, para el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) la crisis humanitaria que puede desatarse se encuentra entre las peores del mundo.
Pero la situación es tan insegura y los asesinatos y abusos son tan frecuentes que muchas ONG y otras agencias humanitarias han decidido retirarse del país. La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) anunció el pasado mes de mayo el cierre de todas sus actividades médicas y de nutrición para personas desplazadas que viven en las afueras de Bossaso, en el norte del país, debido al secuestro de dos de sus trabajadoras humanitarias, una de ellas española, el pasado mes de diciembre.
A peor
Los somalíes no tienen recursos para comprar agua, porque ha incrementado su valor entre un 300 y un 1.000%. La sequía ni siquiera permite que la población acceda a un suministro de agua suficiente como para cubrir necesidades como beber y ducharse. La falta de lluvia, por otro lado, ha arruinado casi todas las cosechas y elevado los precios de los alimentos exponencialmente mientras los ingresos descendían por la guerra.
Los expertos consideran que Somalia está atravesando la peor crisis humanitaria de los últimos 17 años. El número de somalíes que necesitan ayuda que las ONG, los organismos internacionales y las fundaciones les brindan creció un 77 por ciento desde enero.
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