América, Política

La inmigración no está en la agenda del viaje de Bush por América Latina

Bush viaja a América Latina y lo hace, probablemente, tarde. No ha sido la Región una prioridad política de su administración. Los Estados Unidos tienen el arma más poderosa para implantar con éxito una gran área de libre comercio en la región y no es otra que la Inmigración.

Pablo M. Izquierdo Juárez
En vísperas de su viaje a América Latina, que le llevará a Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, Bush ha asegurado que dará la batalla para que los TLC con Colombia y Perú, aun pendientes, sean ratificados por el Congreso de los Estados Unidos. Un Congreso, ahora, con mayoría del partido demócrata que es, en general, más proteccionista que el republicano.

Bush se presenta en América Latina como adalid del libre comercio y pide paciencia para comprobar los efectos positivos de los tratados ya ratificados con América Central y la República Dominicana. Considera el presidente norteamericano que sus conversaciones con Lula serán muy importantes para impulsar la ronda de Doha. “Una ronda de Doha que tenga éxito es, de lejos, el programa contra la pobreza más efectivo del mundo”, ha dicho Bush.

Después de la fallida propuesta del Senado norteamericano de construir un muro en la frontera sur del país para contener la inmigración ilegal, republicanos y demócratas se aprestan a formular nuevas iniciativas. Lo del muro parece olvidado y será sustituido por tecnología, pero el caballo de batalla lo será el de la regularización masiva de los indocumentados (se estiman en 12 millones). Si la reforma se queda solo en eso será un fracaso. Ya ha sucedido antes.

Bush parece, ahora, partidario de una reforma integral y exhaustiva de la inmigración. Ha dicho: que no vengan a escondidas los que quieren venir a trabajar y ha matizado: en aquellos empleos que no quieren los norteamericanos. El matiz no es muy alentador pero, ¿piensa realmente Bush que la mejor forma de combatir la inmigración ilegal es legalizar la inmigración?

Si eso fuera así estaríamos ante una buena noticia, aunque tardía noticia, habida cuenta de lo que le queda a su mandato. Veremos que pasa. Mientras tanto, la idea de liberar los ingentes recursos destinados al control de fronteras para combatir el narcotráfico y la violencia parece coherente.

Es verdad que el libre comercio es la mejor arma contra la pobreza. Pero, ¿realmente se cree en los Estados Unidos en el libre comercio? En cualquier caso, lo que si parece claro es que en América Latina la contestación demagógica a los Tratados es creciente y aunque destacados países como Chile los han impulsado con empeño (ahí están los resultados), las cosas de la marea populista apuntan al naufragio de la estrategia.

Bush viaja a América Latina y lo hace, probablemente, tarde. No ha sido la Región una prioridad política de su administración. Los Estados Unidos tienen el arma más poderosa para implantar con éxito una gran área de libre comercio en la región y no es otra que la Inmigración. Lo del Etanol más bien parece un recurso circunstancial. Una reforma integral de la inmigración debería contemplar por ejemplo preferencias a aquellos países que tuvieran con los Estados Unidos un tratado de libre comercio. Seguro que la contestación social alentada por los demagogos bolivarianos sería mucho menor.

La inmigración aparece cómo un problema con grandes aristas y en verdad las tiene. Legalizar la inmigración en los Estados Unidos y establecer preferencias e incentivos a la libre circulación de las personas debe ser correspondida con lo propio en todos los países de América Latina. Y eso, dicen, es harina de otro costal. Pues no parece que otros países, cómo México, quieran hacer lo mismo con sus vecinos al sur.

No quiere Bush darle mucha importancia al tema de la inmigración en su viaje. Dice que para no crispar en exceso el debate parlamentario en su propio país. Es el juego de la política interna y con eso hay que contar en una democracia. Pero olvida Bush que los millones de latinoamericanos que viven y trabajan en Estados Unidos y los que lo harán en el futuro podrían ser esa “quinta columna” necesaria para defender la democracia y las libertades que hoy están, sin duda, en juego en América Latina.

Pablo M. Izquierdo Juárez, es el director y editor de El Diario Exterior.com.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú