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La obsesión internacional de Carod Rovira: una amenaza para la unidad de España

El político republicano está en Nueva York para inaugurar una Embajada de Cataluña. Sus esfuerzos por hacer que su Comunidad Autónoma parezca un Estado, no tienen límites. Desde Estados Unidos no ha desaprovechado la oportunidad para criticar a España, que le guste o no, es su nación.

Editorial

Carod Rovira sigue a lo suyo. Sin el protagonismo mediático de hace unos años pero con un discurso cuya finalidad no ha variado ni un ápice: la independencia de Cataluña, o dicho con otras palabras, la ruptura de la unidad de España. Este mensaje, como se pudo ver en las pasadas elecciones generales, cada vez goza de menos adeptos entre los catalanes. Su público parece ser únicamente los anti-sistema que queman imágenes de su Majestad el Rey Don Juan Carlos.


Al frente del Departamento de Cooperación de la Generalitat está haciendo proselitismo de esta tesis independentista. No ha escatimado recursos en ello. Subvenciones y más subvenciones en busca de mostrar que Cataluña no tiene nada que ver con España. Craso error y nulo respeto por la pluralidad.


En Nueva York inaugurará la embajada de Cataluña, despreciando, por tanto, una máxima del Estado constitucional español: que la política exterior es competencia del gobierno de la nación. Sin embargo, Carod busca subterfugios para sortearla.


Igualmente condenable es que ha aprovechado el viaje a tierras norteamericanas para lanzar una imagen de Cataluña que no es la real, hablando de un concepto de política exterior catalana que la mayoría de sus paisanos ni secundan ni secundarán. ¿Qué opinará de todo esto Montilla?


Urge que desde el PSC haya algún tipo de declaración pues de lo contrario estarán refrendando a Rovira, quien ya ha dado muestras más que suficientes de actuar al margen de todo y de todos. La negociación con ETA en Perpiñán fue un ejemplo claro, no importándole poner en peligro la seguridad del resto de España.


Con todo ello, y a pesar de sus intentos, Rovira no puede evitar un hecho: su propia deriva dentro de Esquerra Republicana. Cada vez es más evidente que ha perdido la batalla interna con Puigcercós. Resta por saber en qué posición va a quedar en el nuevo reparto de poder.


Este “viaje diplomático” resume perfectamente en qué han consistido los años de protagonismo de Carod en la política catalana y española: búsqueda de conflicto permanente y negación de la complementariedad entre lo catalán y español.


 


 

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