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La presencia final de España en la Cumbre de Washington exige explicaciones

La Unión Europea celebró el 7 de noviembre el 50 aniversario de la creación de la Comisión Europea. Tan insigne fecha ha ocupado un lugar secundario en la agenda comunitaria. Lo principal, fijar una posición de cara la cita de Washington…y determinar si España estaría entre los invitados. Finalmente, ocuparemos una silla, la que nos cede Nicolás Sarkozy.

Editorial

Desde que el 1 de julio Francia asumiera la Presidencia comunitaria, las reuniones, formales e informales, se suceden. La que se está celebrando en Bruselas, una vez más, ha sido patrocinada por Sarkozy. Su finalidad teórica era la de  fijar una posición común de la UE para luego defenderla en Washington a partir del 15 del mes en curso.


Eso era lo establecido en el orden del día. Sin embargo, de todos es sabido que el logro de posiciones comunes en la UE no es precisamente una de sus características. Cuando se logran, suelen ser producto de intensas jornadas de negociación-cesión. Por tanto, para empezar, este objetivo del francés, secundado aunque sin tanta fuerza mediática por los Brown, Zapatero o Merkel, de pretencioso puede calificarse.


En Bruselas, España ha sido la gran vencedora pues apuraba sus últimas opciones para estar en Washington. Finalmente lo ha conseguido. El despliegue de medios diplomáticos movilizados por el gobierno socialista durante estas últimas semanas ha tenido éxito.


Como hemos sostenido en editoriales precedentes, es positivo que estemos en la Cumbre pero esta afirmación no es óbice para que nos hagamos una serie preguntas y, en cierta medida, establezcamos ciertas cautelas.


En primer lugar, no se nos han explicado en profundidad las razones de la importancia de asistir. Por tanto, es normal que cualquier español profano (y no profano) en lo relativo a las “relaciones internacionales económicas”, crea que la postura zapateril tenga que ver más con “figurar” que con algo de sustancia. Una vez estemos en la reunión, ¿formamos parte para siempre del G20, convertido por tanto en G21, o por el contrario, es una presencia puntual? Urge una respuesta a esta pregunta.


Importante también explicar sin tapujos en que consiste esta organización, el G20, cuáles son sus reglas, la capacidad de obligar de sus acuerdos…. Y de cara al futuro, ¿cómo van a ser las relaciones con Francia? Esta cuestión no es baladí pues la cesión de la silla por parte de Sarkozy puede no haber sido desinteresada y sí, por el contrario, conllevar determinadas exigencias. Estemos atentos a esta última cuestión.


 


 


 


 

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