Tras diez años de meticuloso estudio y restauración, que ha puesto a prueba tanto a la tecnología punta como a la paciencia humana, una de las más grandes obras maestras del renacimiento italiano regresa al público, la “Madonna del Ruiseñor”, de Rafael.
Diez años ha costado reconstruirla
La pintura de Rafael, un óleo de 107 por 77 centímetros en madera que muestra a la Madonna junto a dos niños que están acariciando un pájaro jilguero, ha sobrevivido al colapso de una casa en 1547 que la dejó a merced de los estragos del tiempo y a los errores de intervenciones pasadas.
El resultado de la restauración es impresionante. Una capa marrón y la suciedad acumuladas durante siglos han desaparecido. Las mejillas de la Madonna son rosadas. Sus vestimentas son de un rojo y un azul profundos y casi se puede oír el sonido de la cascada de un riachuelo en el fondo de un paisaje de La Toscana.
“Este paciente nos dio la mayor cantidad de escalofríos y noches sin dormir”, dijo Marco Ciatti, jefe del departamento de pinturas en el Opificio Delle Pietre Dure de Florencia, uno de los laboratorios de restauración estatales más prestigiosos de Italia.
“Pasamos dos años enteros estudiándolo antes de decidir si seguir adelante porque con el daño que sufrió en el pasado, que fue claramente visible en los rayos X, un intento de restauración podía salir mal”, explicó.
Rayos X, escáneres TAC, reflectografías de rayos infrarrojos, lásers, hombres y mujeres en batas blancas, microscopios, guantes de látex… La operación resulto más propia de un centro quirúrgico que de un museo o galería de arte.
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