La costumbre de atragantarse con 12 uvas al son de las campanadas se remonta a 1909, cuando los viticultores españoles se encontraron ahogados en un océano de racimos verdes, abrumados por el volumen de una cosecha desbordante, se inventaron que comer la uva trae suerte y hay que consumirla en Nochevieja.
Dicen que trae suerte
La costumbre no solo se mantiene cuando han pasado 100 años de aquella cosecha copiosa, sino que numerosos países latinoamericanos la han copiado e incorporado a sus tradiciones.
Aunque hay quien desafía esa teoría, ya que llama la atención un artículo diminuto publicado en la prensa de la época, el 1 de enero de 1911, en el que se habla del “extraordinario júbilo” con que “el pueblo madrileño” acababa de celebrar “la entrada del Año Nuevo“, y donde, a renglón seguido, el redactor escribía sobre “la tradicional costumbre de comer uvas al dar las 12 en el reloj de la torre de Gobernación”. Difícil que con sólo dos años de vida ya se considerara una tradición con solera.
Diciembre no es el mes en que más se consume uva de mesa, pero en todo caso se consume mucha uva: entre 1,5 y 2 millones de kilos solo en Nochevieja, según cálculos del Consejo Regulador de la Denominación de Origen de la Uva del Valle de Vinalopó (Alicante).
En Alicante es donde se cultiva la mayor parte de la uva que la noche del 31 acaba, en montoncitos de rigurosas docenas, haciéndose un lugar en las mesas de los españoles.
Es la variedad aledo, una raza atípica, de maduración lenta, que se cultiva embolsada y se recolecta entre finales de noviembre y principios de enero.
Las 12 uvas de la medianoche desafían, al igual que muchas costumbres, las tormentas, los rayos, las sequías y las crisis.
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