La Unión Europea está noqueada después del rechazo de Irlanda al “plan B” del tratado constitucional. Nadie lo esperaba, aunque en fechas recientes el “No” había ido ganando terreno. La decisión sobre el levantamiento de las sanciones a Cuba, que iba a ser el plato fuerte del comienzo de la semana, ha pasado del lunes al jueves.
Después del “No” irlandés
Lo ocurrido este fin de semana tiene repercusiones en la agenda cotidiana de la UE. Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, a iniciativa de Alemania, aprovecharán el Consejo de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión del próximo jueves para hablar de Cuba.
“Seria aventurado decir que vamos a volver a dar vida al Tratado de Lisboa cuando estamos ante un bloqueo”, ha señalado el ministro de Exteriores de Eslovenia, el país que ostenta la presidencia de la UE.
El levantamiento de las sanciones, que es la hipótesis más probable según fuentes diplomáticas, sería un gesto más simbólico que efectivo, porque llevan suspendidas desde 2005. La decisión podría interpretarse como un voto de confianza al “aperturismo económico” de Raúl Castro, con la esperanza de que la inversión extranjera juegue un papel democratizador en Cuba.
“Si las autoridades de La Habana hacen como Singapur, una isla relativamente parecida, utilizarán la inversión extranjera para que se forme una burguesía dependiente del régimen y que no demande nunca el poder y la participación pública que suelen ser la antesala de los regímenes democráticos”, afirma un experto consultado por Diario Exterior.
Europa está dividida
No todos los países están convencidos de que eliminar las sanciones sea el mejor camino. Suecia, Hungría, Chequia y Polonia estarían en contra de la iniciativa que entusiasma al presidente José Luis Rodríguez Zapatero, mientras que Alemania, que ha pedido “más tiempo”, no habría tomado todavía una decisión.
Las ideas que figuran en el texto que elaboró Eslovenia, que ocupa la presidencia de turno de la Unión Europea, son, principalmente, dos: primero deben eliminarse las multas y , en segundo lugar, debería restablecerse un diálogo abierto con el régimen castrista.
Si existe un amplio consenso para la eliminación de las sanciones, no se puede decir lo mismo de las conversaciones con La Habana. Esto último implicaría un “diálogo sin condiciones”, que se identificaría con uno de los ejes de la política exterior que Barack Obama quiere utilizar si gana las presidenciales estadounidenses.
La presidencia eslovena ha precisado que las discusiones en el seno de Europa sobre Cuba se retomarán el jueves que viene durante una cena que tendrá lugar en el marco del Consejo de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión.
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