Nadie quiere hablar de intervenir bancos en Europa, a pesar de que la tercera entidad más importante del viejo continente, Fortis, fue nacionalizada hace pocos días. Ayer Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, se negó a barajar la posibilidad de crear un fondo de rescate.
Cada vez más presión
Mañana en París se discutirá el futuro de la banca europea y lo harán, entre otros, el presidente de la Comisión y el presidente de turno de la UE. Pero nadie quiere reconocer que se haya planteado ni lejanamente la idea de crear un fondo que permita intervenir y rescatar una entidad financiera en 24 horas.
No habrá un fondo, que existe en Estados Unidos, pero sí una “respuesta coordinada” de los socios comunitarios ante la ola de quiebras que podrían producirse en los próximos meses. En estos momentos, las autoridades de la Unión no quieren dar rienda suelta a las “especulaciones” y temen que cualquier exceso verbal merme las resistencias de los bancos cotizados.
El portavoz de la Comisión, Johannes Laitenberger, justificó que la reunión del sábado excluya a la mayoría de los Estados miembros –sólo participarán Francia, Alemania, Italia y Reino Unido por ser los miembros europeos del G-8– porque se trata de “preparar la conferencia internacional de alto nivel” que quiere convocar Sarkozy sobre la crisis.
Se habían propagado rumores sobre una reunión entre las principales potencias europeas ante dos supuestas evidencias: que eran quienes mejor y más rápido podrían tomar una decisión urgente en el seno de la Unión y que son las principales víctimas de la crisis financiera. Diario Exterior no ha podido confirmar este último extremo.
España podría estar fuera de la reunión no sólo porque no forma parte del G-8 sino porque la política exterior de José Luis Rodríguez Zapatero ha reducido el peso diplomático del país en los últimos cinco años. Otra explicación podría ser que los bancos españoles no tienen apenas productos tóxicos y que las medidas para que, por ejemplo, los adquiriesen las administraciones públicas no cambiaría demasiado sus balances.
Miedo
El presidente francés fue acusado ayer por algunas de las principales cabeceras de Europa de tener preparado un plan de rescate con una dotación de 300.000 millones de euros, el 60% de la ayuda del plan Bush.
Al paso de estas declaraciones ha salido, Henri Guaino, que es el asesor principal de Sarkozy. Según él, Francia no ha estudiado presentar un plan de salvamento para acudir en rescate del sector bancario europeo y, además, desconfía de la virtual eficacia de un plan semejante. Estas palabras las habría pronunciado después de saber que la cancillera alemana rechazaba totalmente esta iniciativa.
Los analistas se preguntan por qué no ha desmentido la hipótesis el propio presidente o un miembro destacado de su Gobierno. Lo más probable es, según los expertos, que el Ejecutivo esté barajando todas las posibilidades pero que no quiera revelar ninguna de ellas antes de tomar una decisión, porque son conscientes de que la desconfianza de los clientes de Washington Mutual fue quien acabó haciéndolo desaparecer.
En este sentido, el Gobierno de Gordon Brown ha mostrado su preocupación por la nueva legislación que ha impulsado Irlanda para garantizar los ahorros de sus ciudadanos en las entidades financieras. Temen que empiecen a fugarse masivamente los capitales de los bancos británicos justo cuando lo que más necesitan es liquidez.
América por delante
Ayer, con 74 votos a favor y 25 en contra (15 senadores republicanos, 9 demócratas y un senador independiente), aprobaron el plan de rescate con el que el presidente Bush espera estabilizar el sistema financiero.
El núcleo del acuerdo fue que el Gobierno podrá disponer de 350.000 millones de dólares casi inmediatamente. El Congreso sólo autorizará el restante 50% si es estrictamente necesario y la Casa Blanca ha cumplido hasta ese momento las condiciones a las que se comprometió.
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