La Unión Europea y Cuba han reanudado sus actividades de cooperación bilateral. Bruselas prosigue con su viraje político hacia la Isla. Lo que no varía es la situación de los presos del régimen. La ayuda de emergencia al único que auxilia es al caduco gobierno de los Castro.
Editorial
La UE sigue inmersa en la senda del buenismo, un viaje con destino a ninguna parte y que fortalece a este tipo de regímenes dictatoriales. No debe sorprendernos pues los 27 han bajado hasta los mínimos los requisitos democráticos a la hora de cooperar con terceros países. Si con ello cree la burocracia de Bruselas que aumenta el peso internacional de la Comunidad, se equivoca.
Que la UE debería de ser más estricta con el gobierno de Fidel/Raúl es algo indudable como también lo es la catastrófica realidad cubana, acentuada por desgracias como los huracanes Ike y Gustav. El desembolso económico comunitario ayudará a paliarla…pero no a solucionarla e invertirla.
La dictadura cubana se enriquece a costa de los bolsillos del contribuyente europeo al que no se la preguntado qué opina de estos liberticidios cometidos por los burócratas de Bruselas que no han sido elegidos.
Siendo sinceros, no nos extraña que la UE haya obrado así. La semana pasada Pérez Roque se dio un baño de multitudes que empezó en España. Desde la Europa occidental parece que no es políticamente correcto hablar de la ausencia de libertad que vive la isla caribeña; por el contrario, se opta por grandilocuentes y vacuos conceptos como “diálogo político”.
Mientras tanto el gobierno castrista actúa como si las gracias se las tuviéramos que dar nosotros. Su Vicepresidente del Consejo de Ministros, Ricardo Cabrisas, lo advertía: aceptarán la ayuda pero no instrucciones de cómo gobernar.
La oposición cubana, interna y externa, asiste perpleja al desarrollo de los acontecimientos. Su protagonismo es minimizado por la UE. Su tesis clara, contundente y veraz: las tan cacareadas promesas de democratización de Raúl Castro no son más que nuevas formas para concentrar el poder en el Partido Comunista, cuyos dirigentes no sacaron la principal conclusión de la caída de la URSS: el socialismo-comunismo era/es irreformable.
Que la Unión Europea no se equivoque: Cuba sólo quiere nuestro pecunio. Su diálogo está en otros niveles y con otros actores. No hay más que ver la forma en que han acogido los 300.000 dólares y las 300 toneladas de arroz entregadas por Vietnam, “en nombre del Partido Comunista, el Gobierno y el pueblo de esa nación asiática” como se lee en Gramma. Tras esto sólo nos queda decir amén.
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