El conflicto entre el campo y el ejecutivo argentino ha cubierto una etapa más con la votación por parte del Senado del proyecto gubernamental de convalidar la subida de impuestos a las exportaciones de granos. Por sólo un voto de diferencia, la propuesta de Cristina Kirchner ha sido derrotada.
Editorial
Antes de que tuviera lugar el debate, representantes de ambos polos antagónicos llevaron a cabo manifestaciones en Buenos Aires. No era el contexto más adecuado para que el Senado dictaminase y decidiese, pues cualquier veredicto sería objeto de críticas.
Votar en contra de la postura gubernamental, más allá de que supone un ejemplo de independencia y de respeto a la división de poderes, ha supuesto un duro golpe para el matrimonio Kirchner. Durante estos cuatro últimos meses, Néstor y Cristina han practicado un lenguaje victimista y demagogo a la hora encarar el problema con las organizaciones agrarias y las consecuencias las ha sufrido la sociedad argentina en su conjunto.
Las acusaciones de golpistas que han proferido a los agricultores sólo han servido para que la crisis se retroalimentara. Ello, a su vez, se vio favorecido por el hecho de que los partidos de la oposición no han tenido protagonismo alguno, lo que es peligroso para el devenir político. No debemos perder nunca de vista que el verdadero juego democrático se lleva a cabo en el Parlamento, con un ejecutivo que gobierna y una oposición que lo fiscaliza.
Como tantas veces nos ha mostrado la historia de Argentina, las divisiones dentro del partido gobernante son las que han acabado por generar el caos, una suerte de totum revolotum donde todo está permitido. Ésta última no ha sido una excepción y ha servido para obtener informaciones adicionales, como los cuestionables métodos de elección de Néstor Kirchner al frente del Justicialismo.
¿Ha zanjado la decisión del Senado la crisis entre gobierno y productores de soja? Creemos que supone un paréntesis. ¿Ha abierto viejas heridas en el Justicialismo? Mediáticamente, así ha sido y voces como las de Duhalde y Rodríguez Saa han cobrado protagonismo en los días pasados. ¿Supondrá un cambio en la forma que de gestionar los asuntos argentinos tiene el matrimonio presidencial? La respuesta, en función de sus actuaciones más inmediatas, es que tratarán de ganar tiempo. Mientras tanto, buscarán nuevos chivos expiatorios a los que culpar en lugar de hacer la necesaria autocrítica que empieza por aceptar las decisiones de las instituciones democráticas, aunque éstas no sintonicen con las propuestas gubernamentales.
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