Llama la atención la indiferencia de una mayoría silenciosa que no sabe si apostar por las garantías que brinda el gobierno en materia de seguridad, o afrontar nuevos retos.
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Martes, 21 de julio 2026

Llama la atención la indiferencia de una mayoría silenciosa que no sabe si apostar por las garantías que brinda el gobierno en materia de seguridad, o afrontar nuevos retos.
Editorial
El 2 de marzo habrá elecciones presidenciales en Rusia. Un país que enfrenta una transición tras de cincuenta años de comunismo y que parece situarse entre las viejas prácticas comunistas (la centralización, el control sobre los partidos, el temor a la oposición) y las nuevas expresiones electorales.
En reiteradas ocasiones Diario Exterior analizó el contexto interno en el que se realizarán estos comicios. Un ambiente poco claro en el que las poquísimas expresiones de protesta, de desacuerdo, son castigadas por el gobierno y calificadas de subversivas. Y llama la atención en este escenario la indiferencia de una mayoría silenciosa rusa que no sabe si apostar por las garantías que brinda el gobierno en materia de seguridad, o afrontar nuevos retos.
Pues la novedad ahora es que la OSCE, en particular la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos, se opone a enviar observadores a los comicios. Aluden una falta de condiciones que haría riesgosa (aunque no usan esta palabra) la tarea de los técnicos. El comunicado señala: “La Federación (Rusa) ha creado limitaciones que no son propicias para llevar a cabo la observación electoral”.
Según pudo conocer Diario Exterior, Rusia estableció “severas restricciones sobre la composición y duración de la misión, de forma contraria a las anteriores elecciones supervisadas en Rusia”. La ODIHR había solicitado a la Comisión Electoral Central (CEC) de Rusia comenzar su misión de observación el próximo día 11, mientras que las autoridades rusas inicialmente habían accedido a recibir observadores a partir del 28 de febrero, esto es, sólo tres días antes de la votación.
“Lamentamos que las circunstancias nos impidan observar estas elecciones”, dijo el secretario general de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, Spencer Oliver. No es la primera vez que este organismo advierte sobre la situación. Las advertencias sobre posibles manipulaciones se manifestaron en las últimas elecciones en las que Putin ganó por gran mayoría.
Lo que suceda en Rusia, lo que pase en Moscú, tendrá una importancia global. Sobre todo ahora que el Kremlin ha decidido retomar su antigua retórica de seguridad, argumentando la necesidad de equilibrar las relaciones globales. Poner un freno al predominio norteamericano y a lo que consideran una amenaza para la seguridad regional.
Lo dicho: un país que se debate entre los viejos pensamientos de la nomenklatura y las nuevas (aunque muy tenues) expresiones de la sociedad.
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