Editorial
El informe Melhis es la investigación que más ansiaba conocer Washington desde el informe Volker, aquel que tuvo efectos sísmicos en los cimientos de la burocracia de la ONU. Aunque tanto el Gobierno sirio como el presidente del Líbano, Emile Lahoun, rechazaron tajantemente las conclusiones preliminares del informe que se han hecho públicas ayer, los analistas coinciden en que la presión que ejercerá EEUU a partir de ahora –y Francia- sobre Damasco será asfixiante.
El informe Melhis es el resultado de analizar en torno al sangriento atentado que mató a Rafic Hariri aspectos técnicos en la escena del crimen, conversaciones telefónicas interceptadas, así como entrevistas con más de 500 testigos y otras fuentes. Sus primeras conclusiones apuntan a que oficiales de seguridad sirios han estado involucrados en el asesinato, lo cual incumbe a Siria a clarificar una parte considerable de las cuestiones pendientes. También pone en la mira de la sospecha al presidente libanés Emile Lahou y su aparato de seguridad nacional por encubrimiento del crimen.
En una entrevista en julio con el francés Le Figaro, Mehlis describía al jefe de la Guardia Presidencial del Líbano, Mustafá Hamdán, como “un sospechoso”. Aunque es improbable que Lahoun esté directamente involucrado, existen numerosas indicaciones de que el palacio presidencial intentó encubrir el enclave de la explosión poco después del asesinato de Hariri. En marzo de este año, el informe Fitzgerald menciona específicamente que las pruebas habían sido encubiertas, concluyendo: “El estilo en el que este elemento de la investigación fue conducido muestra al menos gran negligencia, acompañada posiblemente de acciones criminales…”
En relación a Siria, el informe señala que las aparentes tensiones entre Hariri y los funcionarios sirios, incluido el presidente de este país, Bashar al Assad, fue un aspecto central en la información que los entrevistados proporcionaron a los investigadores. Tras apuntar que el Gobierno de Damasco se mostró en un principio reticente a cooperar, después lo hizo en “un grado limitado”, según la comisión y agrega que muchas personas interrogadas ofrecieron “datos falsos e inexactos”.
Tomando estas consideraciones, EEUU presionará a Siria para que se esfuerce más en detener el movimiento de insurgentes desde su territorio hacia el vecino Irak y e impondrá a su presidente Assad que deje de apoyar a los grupos terroristas islámicos que realizan ataques de insurgencia en Palestina y el sur de Líbano donde actúa Hezbolá.
Como hacía notar el experto Walid Phares, las redes de la inteligencia siria y sus aliados terroristas, Hezboláh incluido, son aún omnipresentes en el país: “El aparato sirio ha abandonado el país en la práctica, pero el segundo ejército sirio, que es el Mukhabarat, las facciones pro-sirias, Hezboláh, la Guardia Revolucionaria iraní y otros jihadistas están por todas partes. Que la Revolución de los Cedros y que la implementación de la resolución 1559 de la ONU, que pide la retirada completa siria y el desarme de Hezboláh, aún está pendiente era una especie de saber popular.
En efecto, la investigación sobre el asesinato de Hariri deja en claro que El Líbano todavía tiene un largo camino hacia el establecimiento de una democracia sólida y estable, y aquí el rol que desempeñe Occidente será fundamental. La Revolución de los Cedros en el 2004 fue un paso trascendental que sólo fue posible gracias a los esfuerzos de los emigrantes del Líbano y el restablecimiento de relaciones cordiales de Washington con París.
Pero El Líbano todavía carece de los medios para llevar ante la justicia a los responsables de la muerte de Hariri: la influencia de Siria todavía se hace sentir en la práctica, a pesar de la retirada de las tropas militares. Ahora la presión de la comunidad internacional intentará aislar aún más a Siria y someterla a duras resoluciones. Probablemente, luego de este informe, la desestabilización del régimen de Assad haya comenzado.
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