Al terrorismo fanático, como a cualquier otro, hay que hacerle frente de manera conjunta y solidaria: esto es el auténtico pacifismo y el auténtico compromiso con la democracia, el orden internacional y la democracia. Darse la vuelta y ceder a los objetivos terroristas es alimentar el terror y que estos criminales vean este camino de extrema violencia como un método efectivo para conseguir sus fines.
Editorial
Quién no haya caído en la cuenta de que el terrorismo indiscriminado, con atentados brutales a civiles, se ha convertido en un arma ideológica y política peligrosísima aún no se ha enterado de qué está pasando en el mundo. Desgraciadamente estamos en la era de las guerras asimétricas, donde terroristas sin escrúpulos intentan compensar su inferioridad con ataques a objetivos fáciles, por inocentes que sean los afectados.
Estamos en la época de las llamadas “guerras de cuarta generación” donde ya no disputan ejércitos contra ejércitos, ni hay territorios definidos que conquistar o defender ni enemigos fácilmente localizables. El terrorismo fanático, sea del corte que sea, puede emplear la voladura de trenes o de edificios, o armas químicas o, ojalá no lo consigan, artefactos nucleares para lograr sus objetivos. Si lo pensamos fríamente, es espeluznante.
Ante esta situación lo que no se puede hacer es agachar la cabeza como la avestruz y hacer como si no pasara nada o, lo que es peor, escabullir el bulto ante lo que está pasando en el mundo, salir corriendo para que no nos salpique y ceder ante la presión y los objetivos que persiguen estos sanguinarios de toda ralea.
Al terrorismo fanático, como a cualquier otro, hay que hacerle frente de manera conjunta y solidaria: esto es el auténtico pacifismo y el auténtico compromiso con la democracia, el orden internacional y la democracia. Darse la vuelta y ceder a los objetivos terroristas es alimentar el terror y que estos criminales vean este camino de extrema violencia como un método efectivo para conseguir sus fines. A veces, inhibirse y procurar que el problema no nos afecte, aunque sea una grave preocupación mundial, dicho sin tapujos: alimenta a la bestia. El compromiso español con la defensa inquebrantable de las bases de una convivencia internacional -no asaltada por este tipo de acciones bárbaras tiene que reafirmarse- y la cesión no es un buen camino. Ni en lo relativo al “terrorismo internacional” (expresión cuestionable) ni en lo referente al terrorismo nacional.
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