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Los caminos de Lula

La tarea de promover la economía y apostar por la inversión carga con el lastre de los escándalos que, con demasiada frecuencia, aparecen en la vida pública del país.

Editorial
Hace pocos días, uno de los diarios más prestigiosos de San Pablo (El Estado), publicó que el principal problema del gobierno de Lula es la corrupción y el impacto que ello genera en la estructura de su partido. La pérdida de credibilidad de un entorno que, lejos de colaborar, condujo al gobierno a no pocos sobresaltos. Lo más positivo, según el mismo informe, son los subsidios que el estado proporciona a la asistencia social y al sistema de salud. En síntesis, un típico panorama latinoamericano.

Pero Lula ha mostrado también facetas más prometedoras. La más reciente, el pedido a los empresarios europeos a que inviertan en su país y ayuden a levantar la economía. Para que apuesten por un mercado que, como pocas veces, ha mostrado una curiosa regularidad. Y es que Lula ha entendido rápidamente que el discurso de campaña, el de barricada, nada tiene que ver con la tarea de gobierno. Brasil, a diferencia de algunos de sus vecinos, se muestra como una de las economías más dinámicas de la región.

Pesado lastre

Esta confluencia de datos e informaciones hacen que el camino de Lula sea convincente por momentos, y decepcionante por otros. La tarea de promover la economía y apostar al desarrollo carga con el lastre de los escándalos que, con demasiada frecuencia, aparecen en la vida pública del país. Y ese es un lastre que, en el mediano plazo, puede jugar una mala pasada.

En su presentación “Informe sobre la economía brasileña”, ante los empresarios españoles, Lula destacó que “conseguirá cambiar un poco la cara de Brasil y construir un país mejor para las empresas y los trabajadores”. Y que, en ese sentido, “la alianza con España era un punto crucial” para profundizar las inversiones. Aunque reconoció que “hay cosas aún por hacer”, insistió en que desea que las empresas españolas participen en los planes de desarrollo de su país prolongando la “confianza” que demostraron en sus primeros años de Gobierno.

El mensaje fue bien recibido por el auditorio que, a diferencia de otros presidentes de la región, no tuvo que soportar el castigo acostumbrado (por ejemplo, el propinado por Néstor Kirchner). Lo que resta confirmar es, de aquí en adelante, si Lula tendrá la suficiente tenacidad para despejar las amenazas a su gobierno que, lamentablemente, provienen de su propia comarca.

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