El cine español celebra hoy domingo su fiesta anual. Se entregarán los Premios de la Academia. En el evento habrá representación gubernamental, con el Presidente y el Ministro de Cultura. Esta ceremonia se está convirtiendo más en un acto político que cinematográfico. Menos en el Congreso, Zapatero comparece en cualquier sitio donde haya una buena foto.
Editorial
Con su presencia en la entrega anual de los Premios Goya, Zapatero se asegura una jornada tranquila. Sabe que allí no recibirá ningún reproche, crítica u oposición. Como mucho, algún comentario con “talante”. Los actores españoles y el gobierno están en una luna de miel permanente. Su noviazgo comenzó también en una ceremonia como la de hoy, en el lejano 2003, cuando el paro no afectaba al 14% (y subiendo) de la población española.
El gremio de los actores ha sido el mayor valedor del gobierno socialista. No queremos decir que haya tenido una actitud vasalla, ni mucho menos, pues ambos se retroalimentan. Los dos apuestan por el despotismo ilustrado y el adoctrinamiento. A quien no comulga con sus tesis, le aplican el calificativo de retrógrado, reaccionario o fascista, y a otra cosa.
Siempre que los ha necesitado Zapatero, los actores han estado: que había que apostar por negociar (¿o ceder?) con ETA, allí estaba la farándula repartiendo flores blancas por la paz ¿?, que había que cargar contra Israel (y olvidarse de Hamas), lo mismo: manifestación e insultos contra el Estado Hebreo. Son numerosos los ejemplos que se pueden poner.
Gobierno socialista y actores están unidos por las mismas causas y comparten características comunes. ¿A qué nos referimos? Muy fácil: siendo líricos podemos decir que los resultados de sus gestiones no van por el buen camino. Con el PSOE el paro aumenta, el déficit público se dispara, la confrontación y la crispación envuelve la vida de los españoles. Sin embargo, Zapatero puede estar tranquilo pues el “buen rollito” presidirá el evento.
¿Y el cine (subvencionado) español? Cada vez va menos gente a ver sus películas. Buena parte de sus directores se jactan de ser grandes descriptores de la realidad española. Por eso esperamos ansiosos un film que refleje el cierre de empresas continuo o como una jornada de “preciosa nevada” (Magdalena Álvarez dixit) puede paralizar una ciudad entera como Madrid. Existen temas de sobra pero ¿hay ingenio?
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