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Los interrogantes aumentan en Turquía

No separar adecuadamente la esfera religiosa de la política, o un uso intencionado de la segunda al servicio de la primera, ha resultado fatal no sólo para Erdogan y su partido, sino para sus compatriotas

Editorial


En el editorial de 16 de abril, ya señalabamos el role que a favor del laicismo estaba jugando la Magistratura turca. Durante los meses de junio y julio ha proseguido el enfrentamiento entre el AKP y el poder judicial, a lo que hay que unir el descubrimiento de una trama golpista vinculada a antiguos oficiales del ejército. Todo ello rodea de incertidumbre el futuro de este país.


 


El triunfo electoral incontestable de Erdogan en 2007 le hubiera permitido buscar consensos con otras fuerzas políticas laicas y fomentar las reformas demandadas por la sociedad. En vez de ello, aquél inició un proceso (fallido) de islamización paulatina, con lo cual ha perdido la posibilidad unir a las dos Turquias: la urbana y laica por un lado, y la rural, que da más importancia al aspecto religioso.


 


El mejor ejemplo de esta tesis es el rechazo del Constitucional a la propuesta gubernamental de permitir que las mujeres pudieran acudir con velo a la universidad. Las manifestaciones que se produjeron contra la decisión judicial no tuvieron ni el poder de convocatoria ni la atracción mediática que cabría esperarse.


 


Además se da un hecho complementario: también han habido reacciones de sectores civiles que aprueban la actuación de los magistrados con slogans tan significativos como “Turquía no es Irán”.


 


Con el paso del tiempo, la situación del AKP tiende a ser cada vez más complicada. Las posibilidades de declararlo ilegal aumentan. Varios de sus miembros ya han comenzado a declarar ante el Tribunal Constitucional, cuya decisión final se espera para las próximas semanas.


 


El futuro es incierto y temas que ocupaban un lugar destacado en la agenda del ejecutivo turco, como la Unión Europea, sufrirán un revés importante, acentuado por la Presidencia francesa de la comunidad. La oposición a que Turquía se una al grupo de los 27 viene siendo una característica de los diferentes gobiernos del Elíseo, con independencia de su adscripción ideológica.


 


No separar adecuadamente la esfera religiosa de la política, o un uso intencionado de la segunda al servicio de la primera, ha resultado fatal no sólo para Erdogan y su partido, sino para sus compatriotas. La hipotética ilegalización del AKP dejaría sin representación política a un amplio sector de la sociedad  con las opciones de radicalización a que ello podría dar lugar.

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