El Presidente del Gobierno se ha salido con la suya y por fin los Presupuestos Generales del Estado (PGE) han sido aprobados. A partir de este momento, el talento económico del ejecutivo estará sometido a examen permanente. No somos optimistas acerca de que logre el aprobado final.
Editorial
En el último momento, deprisa y corriendo, los PSG han sido aprobados en el Congreso. No nos sorprende, simplemente era cuestión de tiempo. La paciencia parecer ser la gran virtud de Zapatero. Su uso de la misma es un tanto cínico pues no le importa alargar cuanto sea menester las conversaciones para que al final el adversario, hastiado y agotado, se rinda. También refleja bien a las claras lo que el diálogo significa para nuestro presidente: refrendo de sus ideas.
Estos PGE, que marcarán la política económica de la nación en el próximo curso, nacen con un malformación fundamental: fueron elaborados en un momento en que Solbes y Zapatero negaban que hubiera crisis. Entonces hablaban de “desaceleración de la economía”. La pedantería que no falte. Los conceptos cuanto más rimbombantes, mejor. En este sentido, la lista es ingente: “proceso de paz”, “talante”…
En la aprobación ha resultado clave las cesiones hechas por el gobierno a dos formaciones políticas nacionalistas (¿casualmente?). BNG y PNV fueron los grandes triunfadores de todo este proceso. Dos partidos, que por otro lado, tendrán que someterse al veredicto de sus electorados autonómicos en el próximo mes de marzo. Estemos atentos a los pactos postelectorales porque quizás alguna sorpresa que se dé, no lo sea tanto.
Hablando de presupuestos y dinero, una nueva prueba espera al líder de los socialistas pues el plazo para el acuerdo sobre financiación autonómica vence en breve. Desde Cataluña ya se oyen tambores de guerra por parte del PSC replicados con contundencia verbal desde Madrid por parte de Teresa Fernández de la Vega y Carmen Chacón.
El escenario catalán plantea numerosos interrogantes a medio y largo plazo. El PSC ha mostrado lealtad a la postura del gobierno en la aprobación de los PGE. Sin embargo, esta pseudo-docilidad es tan interesada como temporal. ERC e ICV están a la expectativa. CIU se frota las manos.
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