El 16 de septiembre de 1977 falleció la gran soprano. El mundo de la ópera sigue dividido en dos eras: A.C. y D.C. – Antes de Callas y Después de Callas.
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Martes, 21 de julio 2026

El 16 de septiembre de 1977 falleció la gran soprano. El mundo de la ópera sigue dividido en dos eras: A.C. y D.C. – Antes de Callas y Después de Callas.
En primer término, Callas rescató el dramatismo en la ópera. Resucitó la actuación, el “recitar cantado” que es la ópera. Más allá de precisión en las notas y perfecto fraseo, Callas rescató la voz como mecanismo expresivo. Quedan grabaciones audiovisuales de sus recitales en París, Hamburgo y Londres – lamentablemente estamos sin una ópera completa en formato audiovisual-. Y en sus arias y representando en especial el segundo acto de TOSCA (ópera con música hecha por Puccini) uno experimenta, en voz y gestos, el amor, el desasosiego, la tensión, el éxtasis y ese coraje capaz de mantener vivo todo drama, incluso el vital. Callas sabía cantar y actuar al mismo tiempo, lo cual retomó un compromiso algo descuidado a mediados del Siglo XX.
Otro asunto clave es que Callas sabía rodearse bien. Era una disciplinada compañera de trabajo, que si bien podía romper los nervios a muchos por su elevado estándar de exigencia y por un temperamento explosivo, ciertamente sabía hacer buen equipo. Era receptiva a buenas influencias y así ocurrió con Serafin en el podio y con el cineasta italiano Luchino Visconti respecto a la escenificación, quienes fueron decisivos. Callas se rodeó de los mejores. Herbert von Karajan la dirigió en el estudio en MADAMA BUTTERFLY y en un soberbio IL TROVATORE. En vivo hicieron una LUCIA en Berlín durante 1955 que es una joya discográfica. Con Leonard Bernstein hizo MEDEA y LA SONNAMBULA en directo, los cuales afortunadamente quedaron grabados. Otro director clave, Carlo Maria Giulini la dirigió en LA TRAVIATA en La Scala, teatro en el cual Callas reinó desde 1953 hasta 1959, quedando afortunadamente un par de registros correspondientes a esas noches en que afloró la mejor Dama de las Camelias jamás cantada. Con Giulini también están grabaciones en vivo de EL BARBERO DE SEVILLA y ALCESTE. Su compañero fundamental en el estudio y con el cual hizo una gira final en los años setenta –cuando ya ambos estaban disminuidos vocalmente de manera severa- fue el tenor Giusseppe di Stefano (1921-2008), con quien dejó varias grabaciones en vivo. Otros tenores claves fueron mi favorito, Franco Corelli (1921-2003), quizás el único capaz de hacerle sombra a ratos, en grabaciones como la NORMA hecha en estudio durante 1960 y el POLIUTO cantado en vivo ese mismo año. Con Corelli hay quienes atesoramos una gran TOSCA grabada en Covent Garden. Otro tenor con quien Callas cantó grandes papeles fue Mario del Mónaco, con quien hizo Norma en vivo durante 1955 y Andrea Chénier. Habría que añadir a Nicolai Gedda, con quien grabó su último papel, CARMEN y quien también la acompañó en MADAMA BUTTERFLY. Un brillante tenor español, reconocido entre los mejores de la historia, debutó con ella en Lisboa y relató el apoyo que la consagrada Callas le dio entonces: se trata de ALFREDO KRAUS (1927-1999), con quien Callas cantó LA TRAVIATA y afortunadamente quedó el registro grabado. Ahora bien. Di Stefano es el “partner” clave durante los años cincuenta y completa el equipo un gran barítono, Tito Gobbi (1915-1984), insuperable en su Scarpia de Tosca y con quien quedó documentado en vídeo el segundo acto tanto en París como en Londres. Con estos dos compañeros Callas registró la TOSCA de 1953, bajo la batuta de Victor de Sabata y esta grabación es la mejor para esa ópera hasta el presente, ante la cual se inclinan incluso los contrarios a Callas. Es un disco esencial en cualquier colección. Este es apenas un listado de algunos nombres que Callas aglutinó a su alrededor, todos ellos de una calidad excepcional. Por el lado español, además de Kraus está la mezzosoprano Teresa Berganza, con quien cantó una MEDEA en Dallas el año 1958, en la cual participó el tenor Jon Vickers y también afortunadamente registrada.
Último y no menos importante, Callas cambió la imagen de la soprano. Su férrea voluntad la llevó de un peso cercano a cien kilos a poco más de cincuenta, alcanzando en 1955 una silueta la cual puso a servicio de su interpretación, haciendo creíbles personajes como la adolescente MADAMA BUTTERFLY y la atractiva Violetta de LA TRAVIATA. Está claro que esta elegancia añadió un toque de glamour que han conservado sopranos jóvenes, dotando a su arte de atractivo físico y elegancia. Callas fue una estrella mediática como ninguna en la historia operística. Lamentablemente los focos captaron su lado más desagradable cuando tenía estallidos de rabia, abandonaba la escena (su retirada durante una interpretación de Norma el 2 de enero de 1958 se transformó en escándalo nacional al estar presente el primer mandatario italiano) y su divorcio tras abandonar a su marido por Aristóteles Onassis, siendo la pareja griega de moda y trayendo a Callas unos años de amor atormentado. Onassis, después de la música, fue el gran amor de Callas y en quien pretendió encontrar la felicidad personal cuando ya su voz empezaba a declinar aceleradamente en 1959. Aquello salió mal y la historia, para quien quiera seguir los altibajos en aquella relación, está documentada en el libro de Nicholas Cage GREEK FIRE, del cual se hizo traducción en castellano hace una década mas parece estar descontinuada.
Las biografías de artistas son interesantes para amplio público. Mi sensación es que si ayudan a entender mejor el arte del personaje estudiado valen el esfuerzo, mas muchas veces nos transmiten tantos puntos bajos personales del biografiado que es mejor evitarlas y seguir venerando al mito. Con Callas ocurre eso y uno puede perderse en el relato de su desventura amorosa con Onassis, sus solitarios años tras él fallecer en 1975 y la difícil relación con su propia madre. Callas quedó sin descendencia, si bien se especula que perdió un bebé de Onassis. La propia muerte de Callas en 1977 está llena de misterio, pues Vasso Devetzi, una terrible “amiga” quien se aprovechó de Callas para estafarla, como han hecho muchos con artistas decadentes y solitarios,mandó incinerar el cuerpo poco después de fallecer la soprano. Se especula de una sobredosis por píldoras para dormir o bien de un debilitamiento cardíaco por mezclar medicamentos. Es mejor sólo conservar la fecha y dejar aparte investigaciones sobre esos terribles años finales en que Callas, con la misma perseverancia empleada para triunfar, se empeñó obstinadamente en autodestruirse.// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
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