Al menos 16 personas murieron hoy tras la explosión de un coche bomba frente a la Embajada de Estados Unidos en Yemen. Entre las víctimas, había seis terroristas y diez soldados yemeníes que vigilaban la delegación.
Es el segundo en menos de un año
Yihad Islámica de Yemen, un grupo terrorista y fundamentalista islámico, ha revindicado el atentado contra la embajada estadounidense y ha asegurado que se trataba de un acto suicida. Las autoridades han identificado a seis terroristas entre los cadáveres que ha dejado la explosión.
En un comunicado, el grupo terrorista ha declarado su “responsabilidad por el atentado suicida contra la Embajada norteamericana en Sanaa” ha amenazado con “llevar acabo una serie de atentados en otras embajadas” si sus peticiones no encontraban respuesta del Gobierno yemení.
Las peticiones de Yihad Islámica se sintetizan en una: que las autoridades liberen a algunos de sus miembros, que se encuentran en prisión por su pertenencia a banda armada y, en ocasiones, por haber cometido delitos de sangre.
En los últimos doce meses este grupo terrorista ha cometido otro atentado contra la embajada estadounidense el pasado mes de marzo, que hirió a 13 chicas que iban a una escuela cercana a la delegación. También ha atacado la embajada italiana y varios convoyes de turistas.
El líder de Yihad Islámica fue ejecutado en 1999 por el secuestro de 16 turistas occidentales y la muerte de cuatro de ellos en un tiroteo con el ejército que intentaba liberarlos.
La soledad del Gobierno
El Gobierno yemení se unió a la guerra contra el terror que lideró la administración Bush tras los atentados del 11-S. El país tiene sus propios problemas con los fundamentalistas que aprovechan el descontento de uno de los países más pobres del mundo para difundir las ideas islámicas y la necesidad de dar un golpe de estado e instaurar un Ejecutivo teocrático.
A pesar de haber detenido a docenas de terroristas relacionados con atentados en Occidente y de seguir combatiendo a los rebeldes chiítas, próximos a Irán, en el norte del país, los países desarrollados siguen considerando Yemen más que como aliado, como un santuario para los terroristas musulmanes.
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