Política

McCain quiere ser el candidato del cambio y el consenso entre los partidos

John McCain apostó por la conciliación y la serenidad para proyectar una imagen presidencial y desmarcarse de las críticas de la Convención Demócrata. Advirtiendo que asume la nominación republicana con “humildad” y reconociendo que admira y respeta a Barack Obama, ha anunciado que cooperará con los demócratas y que él es el cambio que Estados Unidos necesita.

Un discurso conciliador
John McCain quería marcar distancias con sus rivales e incluso con el discurso de su número dos ayer. Mientras Sarah Palin había devuelto las críticas defendiendo a su familia y subrayando la inexperiencia del candidato demócrata, el líder republicano aseguró que sentía “admiración” y “respeto” ante lo que Obama había conseguido.

Por otro lado, McCain se ofreció como un candidato que apuesta por el consenso entre los dos grandes partidos sobre las cuestiones esenciales, algo que agrada a los republicanos y demócratas moderados, que son los que van a decidir las elecciones del próximo mes de noviembre.

“Una y otra vez he colaborado con miembros de ambos partidos para solucionar los problemas que había que solucionar. Y así es como gobernaré como presidente. Extenderé la mano a todo aquel que me ayude a hacer progresar el país de nuevo”, aseguró el líder republicano.

El senador por Arizona tampoco no estaba dispuesto a dejar que nadie le arrebatase la imagen del cambio. Después de 30 años contradiciendo las opiniones de su propio partido en cuestiones importantes, entre ellas la apertura de Guantánamo o la participación de las empresas en la financiación de los partidos, McCain podría perder su condición de rebelde frente a un “recién llegado” al Capitolio.

“Déjenme ofrecer un aviso a la gente de siempre en Washington, la que no hace nada, gasta mucho, piensa en ella primero y en el país después: se acerca el cambio”, afirmó el líder republicano.

No se refería a Obama, que ha convertido el “cambio” en el pilar más importante de su campaña por la presidencia, sino a su propia trayectoria en Washington. Los niveles de aprobación de las instituciones federales en general y del Senado y el Congreso en particular se encuentran por debajo de los del propio Bush, que es uno de los presidentes menos populares de la historia de Estados Unidos. Los americanos exigen cada vez más que Washington dé un giro de 180 grados y los candidatos están dispuestos a aprovecharlo.

McCain remarcó que sus años de torturas en la guerra de Vietnam le sirvieron para saber que “amaba [su país] porque no era sólo un lugar, sino una idea, algo por lo que merecía la pena luchar”. Desde entonces, aclaró, “ya nunca fui el mismo”. “Ya no me pertenecía a mí mismo. Pertenecía a mi país”. Incluso en las diferencias que le separan del senador por Illinois, señaló que tenían en común lo más importante: ser estadounidenses.

Belicismo

McCain también se quitó de encima la imagen de belicista que le atribuyen los demócratas e incluso algunos miembros de su propio partido. Se describió como una persona que odia “la guerra” precisamente porque la ha experimentado y que apuesta por “una paz duradera”. Se refería a las torturas a las que fue sometido en un campo de concentración vietnamita.

Pero no dejó sin mencionar la crisis de Georgia, en la que ha remarcado que apoya al Ejecutivo de Tblisi frente a unos dirigentes rusos “corruptos, cuya ambición por el petróleo y el poder les ha desviado de los ideales democráticos y las obligaciones ligadas a un uso responsable del poder”.

Advirtió que Estados Unidos debe ser capaz de “no mirar hacia otro lado en caso de agresión y de no respeto al derecho internacional”, aunque siguió apostando por restablecer las buenas relaciones con Rusia “para no volver a una guerra fría”.

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