Política

Menos guerras, más terrorismo

Durante la última década, el ambiente de seguridad mundial ha cambiado de forma dramática y positiva, aunque en gran medida se le ha hecho poca difusión

Editorial

Un importante documento denominado “Informe de Seguridad de los Seres Humanos”, patrocinado por cinco gobiernos, llega a la conclusión de que el fin de la Guerra Fría y el desmembramiento de la Unión Soviética de 1989 a 1991 fue el factor más importante para que disminuyeran los conflictos armados porque, básicamente, acabó con la batalla ideológica Este-Oeste, detuvo el flujo de dinero a las guerras por poder en el mundo en desarrollo y, lo que es aún más importante, por primera vez permitió a las Naciones Unidas comenzar a desempeñar el papel que sus fundadores pretendían.


“Durante la última década, el ambiente de seguridad mundial ha cambiado de forma dramática y positiva, aunque en gran medida se le ha hecho poca difusión”, indicó el informe. “Las guerras civiles, genocidios y crisis internacionales han disminuido en forma pronunciada”, agregaba. En otras palabras, a partir de la caída del comunismo, comenzó lo que Jean Francois Revel llamó “el renacimiento democrático”, el regreso a la creencia de que la democracia es un sistema de gobierno modélico para todo el mundo.


Pero la caída del comunismo no representó solamente la admisión de la bancarrota económica de la ex URSS sino que significó ante todo una revolución moral —una insurrección forjada por el liberalismo y la Iglesia católica que devolvió a las grises sociedades comunistas del Este su dignidad para que crean que ellos estaban llamados a protagonizar una revolución democrática. Como dijo el pensador liberal Robert Sirico, “si la caída del comunismo nos ha enseñado algo, es que la gente con esperanza tiene razones para creer que la libertad cimentada en la verdad acerca del hombre sale consistentemente victoriosa sobre sus oponentes”.

La década del noventa fue testigo de una “ola democratizadora” que selló el fin de la Guerra Fría en el ámbito global, demostrando como apunta el informe que la mejor estrategia para asegurar nuestra seguridad y para construir una paz mundial duradera es apoyar el avance de la democracia en el mundo entero.

Sin embargo, las expectativas, miradas desde el cómodo lugar de la retrospectiva, se han visto relativamente frustradas porque a pesar de la derrota de las intentonas golpistas y los arrebatos de autoritarismos, han vuelto a surgir populismos y presidencialismos de corte semi-democráticos que, como demuestran países como Venezuela o Argentina, poseen instituciones políticas débiles y vulnerables que a largo plazo serán fuente de futuros peligros tal como lo fue en un su momento el comunismo soviético.

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